Pajarillo azul. José Luis Quintana
Don Pedro coadjutor de la parroquia subía al entresuelo del 16 frecuentemente después de su misa matutina y volvía en la tarde a la salida del rosario a pesar de tener que recortar el tiempo para confesiones , consultas , comentarios que a los feligreses les gusta compartir con el sacerdote , hombre prudente, parco en palabras trasmite confianza. Ha cumplido cincuenta y cinco y su dedicación a los demás, escuchar, aconsejar, le obligó a almacenar datos y confesiones secretas. Demasiada carga emocional. Caminaba despacio en la vuelta a casa, mirando al suelo mientras pensaba en tantos problemas ajenos.
Don Pedro subirá al entresuelo y a medida que se acerca al 16 su pecho se ensancha, respira hondo, levanta la cabeza y cuando María le abre la puerta, sonríe. No hay saludo ni palabras, esta casa es especial, también María, pronto llegará José su esposo y se reunirá con los tres Don Pedro ha pasado directamente a la habitación donde está Jesús de tres años. Sigue con su sonrisa, sonrisa de bondad y amor El niño sentado en el suelo tiene entre las manos un pajarillo de alas azules, lo coloca sobre el extremo de un pequeño columpio y lo empuja muy lentamente hasta que el poco peso del pájaro de algodón lo hace caer al otro lado. El sacerdote se ha sentado cerca, también en el suelo sigue sonriendo, ahora ya también los ojillos le sonríen y a María madre solo le falta su esposo que llegará en breve .Como otras tardes no se sentará, se tumbará, viene cansado, con las manos tras la cabeza, mirará al blanco del techo y se oirá un suspiro de paz. María y Jesús son su vida. El niño no habla, juega ininterrumpidamente con el pájaro amarillo de alas azules; se ha oído un sonido …, del niño, ha querido cantar …, y ha seguido con su columpio. José se ha levantado bruscamente y mira a Jesús, nada ha cambiado, el pelo negro ensortijado, tez blanca, la mamá le ha puesto unos calcetines gruesos de color amarillo.
Don Pedro se ha apoyado en la pared, también la cabeza, y mira a Jesús, María teje sentada en el suelo, José incorporado contempla su mundo feliz.
Ha pasado el tiempo, José ya no trabaja, María sigue tejiendo , Don Pedro tiene una lesión que le impide caminar solo. Puede celebrar la misa diaria y a la salida se le alegra el alma, vuelve a sonreir, Jesús, todo un hombre, le está esperando.
Nota: Solo cambié los nombres en el relato. Jesús hizo medicina, especialista en enfermedades tropicales. Sigue con su intenso mundo interior. En su profesión todo un genio. En la pandemia del 2021 fue consultado para el tratamiento de la enfermedad. Mi pensamiento en tanto niño olvidado a falta de calor y amor, tras esas alambradas con concertinas hay cientos de niños que necesitan ayuda, no puede existir un mundo feliz en tanto haya un solo niño abandonado.