Agastache o Toronjil morado. José Luis Quintana

Ángel no sube al autobús de primera, prefiere ese otro viejito pero con los cristales transparentes que se detiene en todos los pueblecitos Los pasajeros han subido sus bártulos arriba, sobre el techo del autobús. posiblemente con los pimientos o frijoles que no pudieron vender en el mercado. No hay que pensar en aire acondicionado, mejor, es lo que trata de evitar , se siente más libre con la ventanilla arriba y el aire caliente le golpeará la cara, con cariño, sí, como cuando de niño la madre le despertaba con unos cachetes de amor.

Aquí no hay prisas, el conductor está en la cantina, el compañero se apoya en el mostrador, tan bajo que al inclinarse destaca aún más el pistolón que lleva al cinto.

Ángel no tiene prisa como la de esos ejecutivos que viajan en autobús de primera , con los cristales tintados y aire fresco. No, Ángel, sosegado, se apoya en el respaldo del asiento y en reposacabezas y observa al del pistolón. La señora que sube no es gruesa, Ángel no entiende de estas cosas y piensa que la mujer lleva varias faldas que la hacen parecer voluminosa. Sí, viene hacia él con dos grandes hatos que la impiden atravesar el pasillo. “Perdone señor”.  Ángel se levanta y ayuda a la mujer,  sube los bultos y los aprieta en el portaequipajes. “Gracias señor” repite la mujer.

Hace media hora que salieron de Tijuana y Ángel medio dormido cree oir a Mario Morreno; mira hacia atrás y comprueba que no es Mario pero que habla igualito. La mujer le explica que va a esconder las manzanas que compró en el mercado por temor a que las requisen los guardias. Ángel la oye pero no lo entiende ¿Para qué pueden querer los guardias las manzanas? Hace mucho calor y llevan horas de viaje . Ángel no lleva mapas ni le importa mucho donde está . Atravesar el desierto de Sonora no se hace todos los días , El paisaje es monótono , cactus grandes, enormes y cactus pequeños ;más calor y el autobús se para, el conductor anuncia “Aduana mexicana, deben bajar”

Ángel no lo entiende ni le importa, pero sabe que lleva horas en una carretera mexicana , paralela a la línea fronteriza con EEUU , La mujer esconde aún más las manzanas. Después de horas todavía estamos en el puro Norte ,piensa Ángel.

La aduana es una caseta de madera y le pasan, solo a él, al único despacho donde un oficial con bigote, espatarrado en una silla tras la mesa ha dejado abierto el cajón de su derecha; y dentro limpia y reluciente exhibe la pistola.

“Siéntese amigo” ¿Pues cómo por aquí?” De donde dice que viene , de España? Mi abuelito era de Zaragoza.” Se oye el ruido del motor del autobús y se supone que los pasajeros se han subido ya. El oficial lo deja claro “No se preocupe, el autobús no saldrá hasta que yo se lo permita.” Se levanta y le da la mano a Ángel “He tenido mucho gusto”

Pasan las horas más desierto, más cactus. El conductor para en un lugar cualquiera y anuncia “Una paradita para que hagan sus necesidades, cuidado con las culebras”

Se hizo la noche, pasaron las horas, demasiadas para Ángel . A lo lejos, en la oscuridad una bombilla solitaria indicaba vida.

“Puede ser Temoaya, ya cerquita de mi pueblo , señor, ahí bajaré y si usted gusta le ofreceré una tacita de toronjil”
Al rato de tomar la infusión, Ángel se sintió renovado. Como nunca había estado . cabeza despejada, relajado y en la cabañita de cañas y palmera se sintió que había encontrado el Paraíso . Durmió horas, muchas , era ya otra madrugada , y él era otro. En su libro de notas anotó el nombre familiar de la acogedora amiga: Xolocotzi. Los vecinos se dirigían a ella como “Cotzi” y su cabaña se convirtió durante horas en lugar de reunión de todo el pueblo.

Ángel la preguntó por la bebida que le había renovado, se sentía otro . Le enseñaron la hoja y la flor morada recién recogida allí mismo, al borde del camino. En un principio creyó que eran ortigas, las hojas se parecían . solo la flor morada la diferenciaba.

Cotzi le enseñó unas anotaciones, en inglés, que unos visitantes habían olvidado, que habían venido del Norte con grandes y lujosos carros, Con mucho equipaje y aparatos que ella no conocía , que todos los días hablaban con un aparato mientras miraba y tocaban la planta y hojas moradas.

Ángel lo leyó y anotó en su libreta:
Es de resaltar el conocimiento que los otomíes y mestizos, habitantes de Temoaya tienen sobre la morfología de los toronjiles, reconociéndolos por la forma de la hoja, color de la hoja y tallo, así como por su aroma.. Esta subespecie xolocotziana se distingue de la mexicana. Sin embargo en los niveles medio y superior del tallo, la diferencia notable entre ambas se limita al tamaño de las bandas de esclerénquima, apreciándose mejor desarrolladas en xolocotziana.

Siguió leyendo , eran muchos datos…, anatomia de toronjiles aportan una herramienta diagnóstica, útil, quedando de manifiesto la importancia y utilidad de la anatomia vegetal para verificar la autenticidad del material botánico medicinal cuando se comercialice.

Cuando Ángel volvió a la Peña El Cuervo se encerró en el segundo piso , colocó la bolsa de toronjil sobre la mesa, dudó unos minutos , pocos y preparó una infusión bien cargadita y bajó al primero donde su padre , diagnosticado “demencia senil” lo miró con cariño. J.L.Q.

La Gitanilla. José Luis Quintana

Dicen que se asomaba la luna, incluso en noche oscura, cuando llovía o nevaba, todas las noches en las que la gitanilla movía sus brazos rodeados de cascabeles . Otras noches con los brazos desnudos acariciaba con las manos las castañuelas. Como el tic tac del reloj de pared, suave, lentamente acompasado y a su llamada, eso era, aparecía el primer rayo de luz blanca.

Parece que de lo que se trata en estos días es entretener: “Concursos, “Realidades”, “Paraísos en una isla caribeña, y mucha propaganda, mucha, mucha propaganda, se cuela en los telediarios, en esas vergonzosas tertulias donde toda clase de “vendid@s cuentan supuestos méritos y relatan historias vergonzosas atribuidas al opuesto del momento.

Las informaciones que nosotros los ciudadanos de la calle, lo saben todos florindos y penetiesos, necesitamos, son datos; números, como los pide el banco para un préstamo de cacamela . Como a la pobre muchacha recién establecida con sus mínimos recursos y cierran sin compensación su negocio, EL GOBIERNO, ya sea autonómico o Central . Y le seguirán exigiendo sus impuestos. Y sus padres con una pensión de mil cien euros a repartir, porque hay otro hijo también en la ruina.

Me he encontrado, hay de todo, con un “ingenuo” que atendiendo los cantos de sirena ha conseguido noventa mil euros “avalados por el ICO al 80% , y está contento, estuvo, hasta que le explicaron que lo deberá pagar , a su hora, porque el reclamante es el banco, por la totalidad; es decir irán al embargo de sus bienes POR EL TOTAL mas esos pequeños gastos en concepto de comisiones , moras, timbres y trompetas. Y eso ocurrirá cuando ya haya perdido su negocio ,deba a las casas proveedoras , al Ayuntamiento, Hacienda la electricidad y el agua.

Mientras tanto el virus de laboratorio . Ya, desde un principio, sin autopsias, no se fuera a descubrir el antídoto. su propagación mundial no tiene ninguna sospecha, está perfectamente dirigido . El ataque biológico está en marcha y durará el tiempo que quieran. Este es el castigo de una agresión. “No coloques los pies sobre la mesa”

Y se quedará en la calle como ocurrió en el 2007, cuando culpaban a L.B., La misma táctica que ahora. Más de un hispano se tiró desde el balcón y por miles cargaron con el macuto, su esposa y los niños y agredidos, engañados, expoliados, dejaron en esta católica España su sudor y esfuerzo.

Quien no entienda que esto es un ataque económico global no se enterará tampoco que los ataques virológicos se vienen preparando ya hace muchos años. Esa es la explicación de porqué había paises preparados para ello La pérdida económica de hoteles y restaurantes es salvable, si dejamos de alimentar las alimañas de los cerebros del mal.

Encontré a mi amigo Santi cerca de la escombrera de San Martín, sí, en ese lugar que los santanderinos conocíamos como “La Fenómeno”. Y aprovecho para explicar que no la llamaban así, como dicen “los historiadores” por defectos físicos de la tal señora, sino porque los señoritos de las últimas casas del muelle se desahogaban con una gitanilla que estaba “fenómeno”. También frecuentaban el lugar “los florindos” y entre unos y otros propagaban historias fantásticas y temibles, y así evitaban la presencia de Mirones.

Decía que allí me encontré a Santi, marino, empresario, factotum muchos años en el Club Parayas, hoy arruinado y expoliado (Parayas). Somos amigos de toda la vida, corrimos las vaquillas en Ampuero, su lugar natal, y rezamos a los pies del Cristo de Limpias. Se subió a mi auto para charlar, recordamos cuando acompañé a su hermano Vicente médico en Africa por el antiguo Congo Belga y fui testigo del agradecimiento de los zaireños actuales. De aqui pasamos a su visita al oculista de Rualasal, Mi, al que le explicó cómo a cierta distancia, en casa, no veía bien la televisión, a lo que respondió el ofta: “acerque más la silla.”

No le conté lo mio, se iba haciendo tarde, que yo también había estado en la misma consulta, que se enfadó muchísimo porque le adelanté que había pensado en recurrir al optometrista. Iba y venía mientras me contaba que había estado, como perito, informando en un juicio por la pérdida de visión de, un ojo, de un paciente no del suyo, esto último lo aclaró cuando creyó que lo miraba a la cara para comprobar. Y según me dijo se debía al producto aconsejado por el farmacéutico allí presente. Y que le consulté mi mala visión en la pantalla del ordenador. También lo dejó claro: “para lo que usted tiene que hacer en el ordenador”…, y no me conocía de nada.

La dulce morta estuvo muchos años en el lugar; la península de la Magdalena estaba virgen, sin edificaciones, todo un bosque por donde hacían sus correrías jabalíes, conejos, ardilla roja …, y más.

Se oía el búho y el aviso del lobo; las playas bien definidas: La Magdalena y Los Peligros.

Zarina mora, gitana o paya bailaba con los pies desnudos, un velo celeste la cubría hasta los ojos y los señoritos del Paseo Pereda encendían todas las noches la hoguera hasta el amanecer. Los carpinteros de ribera madrugaban un poco más, intentaban llegar cuando las ascuas rojas aún coincidían con el nuevo día. El cuerpo de Zarina cobraba más vida, más movimiento y mensaje. En su giro con los brazos extendidos hacía llegar su abrazo al mundo entero .Y Dios la bendecía.. J.L.Q.
De ahí el nombre que hasta hace poco se dió al lugar: “La Fenómeno”

Opiniones de un hombre de la calle que oye, atiende y mira a la cara. Piensa en los demás, los sin salario y sin empleo.

Carta abierta a Jesús. José Luis Quintana

Jesús amigo, intemporal y eterno, he pasado el covid, asintomático, unos dias de reposo fueron la solución . No sé si fué una consecuencia o secuela que dicen, pero he sufrido una depresión que no me dejaba vivir ni en la noche ni durante el dia .

En mi reflexión detecté que mi pensamiento tenía la tendencia a sufrir los problemas ajenos, siempre hay problemas, pero el humano fuerte los supera o los ignora y así vive tan ricamente.

No he tenido mas remedio que ponerlo en práctica, no del todo porque la naturaleza obliga, pero me he olvidado temporalmente de los refugiados, de los huérfanos, de guerras crueles e injustas, de los abandonados, a millones, y utilizo la más baja de las acciones: no miro ni al mendicante que con unos céntimos se sentiria acompañado..Me esta procurando una recuperación lenta pero que me serena.

En otros lugares también tranquilizan y aseguran su bienestar. Trascribo:

Grecia ha suspendido hoy el Derecho de Asilo. Una medida sin precedentes en la historia de Europa.
Qué pronto olvidamos. Durante la Segunda Guerra Mundial, miles de griegos cruzaron el Mediterráneo en sentido inverso y buscaron refugio en países de Oriente Medio. Aquella era la ruta más accesible para escapar de las tropas nazis.

Un programa llamado “Organización para los Refugiados en Oriente Medio”, lanzado en 1942 y liderado por Reino Unido ayudó a escapar en dirección Este a decenas de miles de griegos, polacos y yugoslavos.

Los refugiados eran llevados a campos situados en Siria, Egipto y Palestina. La ciudad de Alepo, (sí, estáis leyendo bien, Alepo) se convirtió en una de las principales centros de acogida.

Dos de mis vecinos que han pasado esta enfermedad de origen dudoso sufren los mismos síntomas de angustia o depresión. Espero que me lean y así no se sentirán solos.

Recibo mensajes del DM , me dicen que como suscriptor En este último me ponen al día;
” DM Rumores de embarazo para David Bustamante y Yana Olina” ( sin comentarios)

Quiero entrar de nuevo en esta realidad que ahora rechazo y volver, ayudar al necesitado, sufrir con el que llora y seguir pidiendo a los que se fueron, ángeles ya,  que ayuden a los que aquí quedamos..
Gracias Jesús, te crucificamos, conoces el dolor humano, no los abandones y como en el Templo arroja la canalla lejos . J.L.Q.

Covid y angustia. José Luis Quintana

Ha pasado el covid, asintomático, solo por la prueba se enteró de su contagio y diez días de aislamiento sin ningún tipo de dolor o inquietud, por indicación médica se dió por terminado el episodio.

Ángel se sentó al borde de la silla, a la derecha siempre deja al alcance de la mano su pantalón largo de gimnasia y despacio, sentado aún, comienza a vestirse lentamente porque a diario este minuto es para él de reflexión, enlaza con el día anterior, recordará el último pensamiento de ayer noche; este primer pensamiento y sentimiento condicionará su ánimo las siguientes horas.

Han pasado veinte días y algo marcha mal y muy difícil de explicar . Es un sentimiento. Ángel recuerda esa imagen de María, “De las Angustias”, no está muy seguro pero cree que se representa con un puñal en el pecho, doliente y llorosa.

A la pregunta del médico lo tenía claro: ” siento angustia”.  Veinte siglos de cristianismo plasman en una imagen un dolor real y duradero.

El periódico digital D.M. 27/12/2020, y la nota que lee, lo apuñala :

La iglesia protestante Nueva Vida de Santander, ubicada en Peñacastillo, ha denunciado haber sufrido un “ataque de odio por causas religiosas” durante el día de Navidad, ya que ha encontrado en las ventanas de su fachada bolsas con ratas muertas y mensajes con descalificaciones e insultos. En concreto, se trata de tres bolsas de ratas junto a tres carteles con los siguientes mensajes: ‘Dios no murió en la cruz para alimentar a traidores como tú’, “España católica, apostólica y romana: …

Ángel se ha dirigido a Peñacastillo, pasa la carretera general hasta Ojaiz y vuelve mirando a derecha e izquierda; un vecino lava el auto frente a su casa, no conoce la iglesia protestante.”Esto ha crecido mucho responde, le va a costar encontrarla sin conocer la dirección”

Ángel lleva consigo una grande y hermosa Poinsettia, Ángel recuerda cuando en México en un rincón de Sierra Madre el campesino noble, sencillo, casi fraterno le enseñó la planta originaria y en su idioma náhuat la nombró: “cuitlatl,” Se montó de nuevo en su flaco caballo tordo, arrancó unos plátanos de los que llevaba y se los ofreció a Ángel.

Se le imponen los recuerdos de aquel noble pueblo mexicano, que respetó y aceptó una religión y cultura diferentes, en el campesino pobre en recursos materiales y millonario en nobleza y amistad.

Miró al cielo, pensó en las gentes buenas que aún nos rodean y al borde de la carretera depositó la planta con una nota : “Perdonad que no saben lo que hacen”.

J.L.Q.

EL CEMENTERIO DE RELATOS. Juanjo Conejo

El escrito está dando vueltas alrededor de su vieja máquina de escribir. Está indeciso, se había prometido no ceder más al impuso que le obsesionaba por plasmar en palabras las historias que nacían en su imaginación. Está atormentado, siente rabia, porque las palabras se le quedan pequeñas para expresar lo que hay dentro de su cabeza. Para él escribir es una tortura; no hacerlo un sacrificio. Ese es su conflicto. Se acerca a la ventana, corre la cortina, mira hacia el horizonte. Está pensando, hay algunas historias que bullen en su mente. Regresa hacia la máquina de escribir, de nuevo da vueltas alrededor de ella, no quiere romper su promesa. Fantasía, su perro, también gira alrededor junto a él. La pasión es demasiado fuerte, el escritor se sienta y coloca una hoja en la máquina. Fantasía ladra. El atormentado escribe…

El escritor se levanta de repente, arranca la hoja de papel, la arruga, la lanza a la papelera. Está furioso, su conciencia le ataca, ha roto su promesa. Ha vuelto a ceder a la tentación, quiere arrancarse el corazón para extirpar la pasión que le domina, cortarse las venas para vaciarse de la droga que le contamina. Abre la cajetilla de tabaco, fuma obsesivamente. Termina el cigarrillo, enciende otro. Un café, otro café. Las manos le tiemblan. Regresa el ángel de la tentación, mira la máquina de escribir, se aleja hacia la ventana, las historias vuelven a hervir, queman, corre de nuevo hacia la máquina, se sienta, coloca una hoja. Fantasía ladra. El atormentado escribe…

El escritor llora, se siente enfermo, cree que está poseído por un espíritu malicioso que no le deja vivir tranquilo. Arranca la hoja de la máquina, la arruga, la lanza a la papelera. Un cigarrillo, otro cigarrillo. Abre una botella de whisky, una copa, otra copa. Quiere huir de la habitación, piensa que está habitada por el diablo, no lo consigue, sus pies son pesados. Le cuesta respirar, acecha la ansiedad. Con mucho esfuerzo logra llegar hasta el revólver, lo carga, apunta hacia su cabeza, quiere volarla para librarse de la tortura. Su dedo comienza a mover el gatillo. De pronto una nueva idea, suelta el revólver, se sienta, coloca una hoja en la máquina. Fantasía ladra. El atormentado escribe…

El escritor es ahora presa del pánico, ya ha cedido tres veces a la tentación, está convencido de que una cuarta vez acabará con su vida. Arranca la hoja de papel de la máquina, la arruga, la lanza a la papelera. Se da cuenta que ahora siente placer por el riesgo, que está dominado por una fuerza tenebrosa, por un monstruo que le subyuga. Ya no quedan más cigarrillos en la cajetilla, ni más whisky en la botella. Se toma un puñado de pastillas prohibidas, las ayuda a tragarlas con medio litro de café. Ahora está eufórico, pletórico, no tiene miedo a morir, quiere retar a la muerte. Es un duelo contra él mismo. Se sienta, coloca una hoja de papel en la máquina. Fantasía ladra. El atormentado escribe…

El escritor espera la llegada de la muerte, se ha comportado contra su conciencia siendo servil a lo que le dicta el demonio que lleva dentro. Sabe que ese espíritu querrá más y más y que nunca se sentirá saciado, que chupará su sangre hasta la última gota. Arranca la hoja de la máquina, la arruga, la lanza a la papelera.

Ahora no siente miedo, se ha desafiado a sí mismo y ha vencido. Se le han pasado todos los efectos estimulantes. La rabia persiste. Mira hacia la papelera, se ha convertido en un cementerio de relatos. Fantasía se acerca a la papelera, mueve el rabo, ladra. El escritor corre hacia la papelera, desarruga las cuatro hojas de papel, coge una carpeta y las pone dentro. Ya no le tiemblan las manos. Se acerca a la ventana, corre la cortina, mira hacia el horizonte, luego mira hacia la carpeta, hay un libro que bulle en su mente. Se sienta, coloca la carpeta en la vieja máquina de escribir. Fantasía ladra. El liberado teclea con entusiasmo: “El cementerio de relatos”.

Juanjo Conejo

EL AMOR ES FRAGILIDAD. Juanjo Conejo

La fragilidad está en la nieve, y se funde al llegar la primavera. La fragilidad cubre los caminos con hojas doradas, y el viento de invierno se las lleva. La fragilidad está en la noche, adorna el cielo de estrellas y al llegar el alba las apaga. La fragilidad está en el agua, susurra melodías en el río, y luego mueren en el mar con el canto fúnebre de las golondrinas. La fragilidad está en el aire, y sin aire no vivimos. La fragilidad está en la piel, se viste de arrugas con el tiempo. La vida se nos escapa de las manos, volamos cuando menos lo esperamos.

La vida está vestida de fragilidad, como los montes de nieve que el calor no soporta, como los caminos de hojas crujientes que una pisada destroza, como la noche de estrellas que suspiran para que no llegue el día, como el agua sinfónica del río cuando se queda sin caudal, como el aire que llora recordando su estado puro, como la piel incapaz de alargar la juventud. La fragilidad lo llena todo. Fragilidad eres tú, fragilidad soy yo. Somos tan frágiles como una pompa de jabón, flotamos brevemente, estamos en la cuerda floja.

La fragilidad despertó puntual, se lavó la cara con agua fresca, y me acompañó hasta el anochecer. Fragilidad se dormía entre mis brazos, y antes de cerrar los ojos me dijo con voz soñolienta: “Te amo, buenas noches, hasta mañana, llámame amor al amanecer”. Y así, como una pequeña niña inocente, confiada sobre mi pecho, fragilidad se quedó dormida con un ojo abierto y otro cerrado. Fragilidad duerme a medias, sueña a medias. Fragilidad nunca descansa. Y al llegar el día, cuando abrió el ojo cerrado, le dije: “Buenos días, amor”.

Y es que el amor, el amor es fragilidad.
Y la fragilidad, la fragilidad es para los valientes.

Juanjo Conejo

LA MUSA, EL HADA Y LA NIEVE. Juanjo Conejo

Con frecuencia me preguntan de dónde proviene la inspiración de los relatos o poemas que escribo. Hay quienes piensan que se trata de realidades poetizadas. Cada escritor tendrá su respuesta a esa pregunta. En mi caso, se trata de una pócima que contiene diferentes ingredientes, y en proporciones que varían de texto en texto. Pero en ningún caso se trata de hechos reales, pues estos serían más propios de una biografía.

La experiencia acumulada, los sueños imposibles, el idealismo endiosado, los deseos retenidos, la picante inquietud, la curiosidad morbosa, los bellos recuerdos, la imaginación exacerbada, la rabia del fracaso, la herida incurable, la brevedad de la victoria: todos estos elementos forman parte de mi ecuación inspiradora, de esa fórmula magistral a la que llamamos musa. Un mundo de ficción que, a veces, satisface más que la realidad.

Por otro lado, ¿qué es la realidad?, cada uno la procesa de forma diferente, no existe una misma realidad para todos. Un mismo suceso podría ser descrito por diez testigos, y cada relato de esa realidad estaría escrita bajo la influencia de diez subjetividades distintas. Lo que cuenta es tu propia realidad, no puedes vivir en la realidad de otro. Cada uno tiene su propia musa. Pero esa musa es insuficiente, necesita la ayuda de un hada: la retórica.

Pero en esa fórmula magistral de la que hablaba, falta un ingrediente más: la nieve. La Navidad de 1962 fue la más blanca de la historia de Barcelona. Durante el día 25 de diciembre nevó todo el día y la ciudad amaneció cubierta por un manto de nieve. En esa fecha yo estaba en el vientre de mi madre, de alguna manera tuvo que afectarme: una hoja de papel en blanco me recuerda esa nevada. Cuando la nieve se derrite aparece el color de la tierra. Yo solo tenía que soplar mi aliento caliente sobre la hoja de papel para que al derretirse la nieve aparecieran las palabras. Las palabras ya estaban ahí desde que era tan solo un embrión, pero no se veían, estaban cubiertas de nieve.

El día que aprendí a escribir, el profesor de Lengua me alzó y me dio un abrazo jubiloso, no me di cuenta de que este acontecimiento estaba relacionado con mi destino. Han pasado cincuenta años y aún recuerdo ese momento. Soy pobre, me faltan palabras; soy rico, mis bolsillos están llenos de hojas blancas.

Juanjo Conejo

Contra la violencia de género. Juanjo Conejo

 

Contra la violencia de género. Juanjo Conejo

UN GATO LLAMADO DESILUSIÓN (o un café frío y amargo). Juanjo Conejo

El café ya estaba frío, demasiado tiempo pensando sobre qué tema escribir. Mi gato, al que llamo Desilusión, no deja de maullar a mis pies. Arrugué por tercera vez la hoja de papel y la lancé a la papelera, no hay nada nuevo bajo el sol, la historia se repite una y otra vez, es el perro de siempre con diferente collar. Crisis económica, corrupción política y desigualdad social, temas de actualidad tan viejos como la Tierra. El pez grande se come al pequeño, los más desfavorecidos no tienen las mismas oportunidades que las clases privilegiadas para acceder a la formación universitaria, ancianos abandonados como animales en residencias geriátricas y ciudadanos que pierden sus viviendas tras toda una vida de trabajo.

Un sorbo al café, no me importó que estuviera frío y amargo, la vida, a veces, también es así, y solo una esperanza (casi siempre imposible) nos da cada día la fuerza suficiente para seguir adelante. Tomé otra hoja de papel, me olvidé de la tecnología, y en mi vieja y ruidosa máquina de escribir retomé los principios del pasado. Escribí sobre la supremacía del amor, un valor a la baja en un mundo dominado por la codicia, un planeta de color azul donde cada día por el este nace el sol de la indiferencia. En mi lucha por los altos ideales no me importará quedarme solo, estaré dispuesto a morir por alzar esa bandera que a todos asusta: la verdad. Me miré al espejo y sonreí, a pesar de ver en mi rostro las huellas de tantos años perdidos, de vivir como una oveja más del rebaño, balando alegres mientras caminan todas hacia el mismo abismo.

¿Qué hay de andar por los caminos que nadie pisó, de nadar contracorriente como los salmones, de navegar por un mar llamado libertad, de anhelar el paraíso de la justa justicia? Hay tinta en los tinteros gritando contra la injusticia, pero no hay plumas valientes dispuestas a denunciar. La verdad se vendió al mejor postor, y esta quedó silenciada mientras un gato llamado Desilusión sigue maullando a los pies. Café frío, café amargo, el tiempo corre para todos, pero aún hay tiempo de luchar.

Juanjo Conejo

ESCRIBE Y VIVE . Juanjo Conejo

A veces he pensado: “Voy a dejar de escribir, ¿por qué ser arrastrado por este impulso que me subyuga?, ¡quiero ser libre de esta pasión que me domina!”. Pero luego no puedo resistirlo, ¿es una enfermedad, es un vicio, tal vez una necesidad? Intento no escribir, procuro soportarlo y no puedo, hay un fuego en mi interior que me quema, me hierve la sangre y erupcionó como un volcán.

Me siento como un esclavo, tengo que escribir… y mis letras se vuelven cadenas. Deseo huir a un lugar lejano, a una isla perdida que no esté en los mapas. Pero las letras me persiguen como si yo fuese un fugitivo, y me encuentran a pesar del escondite. Corro para alejarme de las palabras, de las comas y de los acentos, pero me atrapan con su sagacidad y con sus ágiles argumentos. Las rimas me guiñan el ojo y después me encadenan a sus antojos.

Quiero ser libre de la necesidad de escribir, romper los grilletes que me aprisionan. Me resulta pesado convertir las emociones en palabras, cuando estas nunca logran reflejar el sentimiento. Siento rabia, deseo romper las hojas de papel, lanzar al vacío la máquina de escribir. No encuentro las palabras exactas, están vacías, limitadas, esposadas al vocabulario.

Quiero arañar el papel, blanco y absurdo, estrellarlo contra el suelo, arrancarle de un tirón su aire burlón. Quiero abrir mi pecho en dos, arrancarme el corazón y estamparlo sobre el papel sin más connotación. Demasiados sentimientos, tan pocas palabras, infinidad de emociones para encerrarlas en el abecedario, como meter el océano en el hueco de un puño o atrapar el cielo entre los barrotes de una jaula. ¿Cuántos granos de arena hay en el mar?, ¡cuéntalos, si es que puedes!

Quiero escribir lo que siento, con pinceles de colores sobre el óleo y sin reglas. Las palabras son un vulgar artificio, una patraña, una estafa para el que quiere reflejar la realidad sin alterarla. No puedes escribir un sentimiento sin adulterarlo. No puedes reducir a una frase una emoción, una pasión o una ilusión. ¿Cuántas estrellas hay en el firmamento?, ¡cuéntalas, si es que puedes!

¡Alma, escribe y vive, para eso naciste! Escribir sin miedo, con mano atrevida. Escribir sin prisa, sin medir el tiempo. Esgrimir la espada, herir la gramática. Abofetear el papel, ultrajar el lenguaje. Morir despacio, rimar el último suspiro. Expirar con párrafos lo inaudito, morir en las alas de una estrofa, amortajar en sus plumas un hito. Y renacer con un beso, el beso de la poesía.

Juanjo Conejo