UNA HERENCIA PARA CAMINAR SOBRE LA LUNA. Juanjo Conejo

Todos aspiramos a dejar a nuestros hijos algo valioso cuando la muerte llame a nuestra puerta, algo material o intangible, pero que sea trascendental, una prueba de nuestro amor. Sobre este tema he reflexionado en muchas ocasiones, he meditado en esto profundamente. ¿Qué podré dejarte, hija mía, cuando parta de este mundo hacia ese lugar de donde nunca se regresa? ¿Podré dejar alguna herencia importante en tus manos? Tú sabes, querida hija, que la fortuna nunca me ha sonreído con bienes materiales, tan sólo con tesoros invisibles. He realizado un recuento de toda mi fortuna, acumulada en medio siglo de vida y que, a continuación, pasaré a describirte.

Mi colección de películas de cine, ¡me alegro tanto de que hayas heredado en tus genes mi pasión por el cine!, el cine es una ventana abierta al mundo, te enriquecerá mucho, y hasta puedes aprender historia y geografía. Mis mejores momentos los he vivido disfrutando del séptimo arte, sobre todo con las películas musicales. En segundo lugar, te dejo mi colección de música. La música no son sonidos, son las melodías de muchos capítulos de tu vida, las notas de muchos momentos especiales vividos a lo largo de tu existencia, sonidos que en muchas ocasiones te harán regresar a esos momentos felices que te resistes a olvidar. Y, por último, te dejo los derechos sobre todos mis relatos y poemas, en ellos he volcado mi corazón como si fuese polvo de estrellas. Para mí escribir es un placer, convertir los sentimientos en palabras es un reto que siempre me ha cautivado, y me gozo en gran medida cuando observo que tú también eres poseedora del mismo talento.

Mi huella la encontrarás inmortalizada en mi colección de cine, música y en todos los textos que escribí, para que cuando disfrutes de esta herencia, que con todo cariño te dejo, te puedas sentir muy cerca de mí, disfrutando del corazón de tu padre, aunque yo ya no esté presente, y revivir las emociones que tantas veces hemos experimentado juntos. Si alguna vez me echas de menos más de lo que se puede soportar, ve al río donde tantas veces nos hemos bañado, allí cierra los ojos, e imagíname nadando en el río de la vida, piénsame sonriendo, sabiendo que algún día nos volveremos a encontrar, en ese lugar donde el sol siempre brilla. En la orilla del mar también me encontrarás, en esas noches cuando la luna llena deja su reflejo en el agua. Cuando quieras recordar mi rostro, mira hacia las cumbres de las montañas, esa imagen que tanto me inspira.

Y ahora, ante todos estos testigos que leen mis palabras, confirmo mi voluntad para que tú, hija mía, seas la heredera de mi humilde fortuna, una herencia para caminar sobre la luna.

Juanjo Conejo