Un ángel dejó su mensaje. J.L. Quintana
En la subida a la Sierra Caballar debo tomar mis precauciones, no puedo andar mucho, así que el camino lo hicimos lento y corto, no llevo mochila como hacía años atrás y subía a los casi setecientos metros en la cumbre.
Cruzamos el rio que baja de lo alto y le expliqué a Sacha que este agua se unirá al Pisueña allá abajo en el Valle y que los vecinos conocemos como «Rigurao». Lo aprendí de Chus, el padre de «El Cuadrao». Sí, el que siembra todos los años el maíz de forma que al crecer forma un laberinto, muy visitado según me dicen. Chus, el padre, excelente persona, vaquero también, falleció no hace mucho y su esposa Lines Pando como él, trabajadora y buena. Los echo en falta.
Un jabalí hociquea las raíces del roble, gruñe bronco y no nos mira; sujeta, es hembra, la han atado a la espera de la llegada de un macho que la cubra. Mañana o pasado la volverán a la cuadra donde parirá los jabalines o rayones tras cuatro meses de gestación. Sacha respira tranquilo y sonríe.
Bajamos al final por el camino asfaltado, frente a la casa de madera de Adela paramos un rato, le digo a Sacha que para descansar, la realidad es que hasta hace poco allí mismo me quedaba a charlar con Cholo, ¿A qué se dedicó Cholo, hombre amable, amistoso? Nunca le pregunté, prefiero si no me lo cuentan, deducir, imaginar, crear a mi entender ese mundo quizá irreal, imaginario, donde todos son Sacha o Paloma, nobles, felices y amistosos.
Y en la línea anterior veo al párroco Don F. ¿Por qué durante la misa le veo con mono azul de trabajador, que ya no se usa? Y su plática suave, serena y pausada ¿hablaría así Cristo? Terminada la celebración sale de la sacristía e ignorado pasa entre los fieles, seguirá su misión en otro lugar, su palabra es palabra de Dios.
Creí que Sacha miraba la nube blanca trabada en el pico Sombrero, pero no, mira más cerca, muy cerca. Más tarde me hablará de los seres intangibles y no visibles, de ese mundo paralelo que nos acompaña y que la mayoría desconoce.
Ahora entiendo sus silencios, su paz; se comunica con otro espacio, con otra existencia muy próxima. Se vuelve hacia mi con la serenidad de siempre y me dice sonriente «la paz nos está esperando»
Han pasado los días, el pueblo está silencioso, mi vecino más próximo, Carlos, siega la hierba de primavera y el amarillo y blanco de las margaritas quedarán solo en la memoria.
Le pregunto por Sacha «no lo he visto hace dos días «le digo y Carlos me mira, parece no oírme y sigue con su siega.
Bajé a la parada del autobús de línea y pregunté al conductor por el viajero que llegó un mes atrás y dejó en la plaza del pueblo. Miró con cierta desconfianza y extrañeza, subió la ventanilla y siguió su camino.
Subí al pueblo de nuevo pregunté por la vecina a la que el conductor informó de la llegada de Sacha …, y no me contestan, no saben.
Bajo al río, la hierba alta oculta flores silvestres de mil colores, huele a lavanda y jazmín. Una brisa del Oeste, suave y acariciadora me trae un mensaje; «Sacha estará siempre contigo»