LLUVIA DE ROSAS EN JAIPUR. Juanjo Conejo
El escritor de sueños llevaba meses sin escribir, su último viaje le absorbió todo su tiempo. Había olvidado el sonido de las teclas de su vieja máquina de escribir, esa melodía era la musa que despertaba su imaginación. La India es un país que no te deja indiferente. Tenía muchas cosas que contar, pero no sabía cómo comenzar. Escribió… “Sin duda, esta es una historia que no creerás”. Arrancó la hoja de papel y la lanzó a la papelera. Necesitaba revivir lo sucedido, para captar su esencia y plasmarla con alma. Se levantó de la silla, se alejó de la máquina de escribir y se limitó a sentir de nuevo esa insólita y trascendental experiencia que le ocurrió en la India.
Viajó con la mente a Jaipur, a ese momento en que sintió una brisa fría sobre su rostro. Un misterio, ya que hacía un calor insoportable. Cerró los ojos, para disfrutar al máximo tan extraño acontecimiento. Algo caía sobre su cabeza, abrió los ojos, era una lluvia de pétalos de rosas. Miró a su alrededor, ya no estaba en Jaipur, era un lugar indescriptible. Unos brazos le rodearon por la espalda con suma ternura, mientras unos labios húmedos y calientes besaban su cuello. Se estremeció, jamás había sentido tanta delicadeza. Después, unas manos suaves como el terciopelo acariciaron su pecho. ¿Estaba soñando o se hallaba bajo el efecto de alguna droga?
Perdió el control, se dejó llevar a la deriva por la corriente, fluía en un éxtasis inaudito. Inundado de un amor inexplicable, tan sólo pudo llorar de felicidad. Flotaba en un océano de sentidos a flor de piel, debido a las caricias de aquella extraña criatura. El corazón le bombeaba un río de emociones desconocidas. El aire que respiraba era medicina. Por primera vez en su vida, se sentía perfectamente amado, totalmente libre. Era plenamente consciente de que el mundo tenía hambre de amor, de sentirse comprendido, de saberse perdonado. Milagrosamente, las heridas de su alma fueron sanadas. Ya no tenía ningún temor, era una sensación de confianza absoluta.
Abrumado, Preguntó: “¿Quién eres tú?”. Una voz dulce y serena le respondió: “Yo soy tú, soy el amor que hay en ti, soy tu amor amándote”. De nuevo, cerró los ojos. En su corazón decía: “¡Gracias, gracias, gracias!”. Cuando abrió los ojos, estaba de nuevo en Jaipur. Tenía la certeza de que lo ocurrido no había sido fruto de su imaginación, sino una experiencia sobrenatural. Ciertamente, aquella lluvia de pétalos de rosas fue un aceite curativo. Después de rememorar este capítulo de su vida, el escritor de sueños corrió hacia la máquina de escribir. Y con manos veloces, escribió con entusiasmo: “El viaje más fascinante de mi vida comenzó cuando me amé”.
Juanjo Conejo