LAS ZAPATILLAS DORADAS. Juanjo Conejo

Beso irracional, un beso sin cordura, suspiro repentino, pupilas cubiertas con un velo acuoso, ríos de agua salada que no pueden detenerse, que mueren en la frontera de los labios, humedad de fuego, llamas de tortura, que martirio es estar enamorado de una rosa esplendorosa, extasiado por el hipnotismo de su fragancia, cuando esta es portadora de punzantes espinas, dolor profundo, que aguijonea el alma, que hace trizas el corazón.

Beso insensato, cielo e infierno, beso incauto, luz y tinieblas, beso imprudente, sol naciente, luna menguante, gozo y agonía dados de la mano. La vida y la muerte están en su boca, divinidad y humanidad entrelazándose, eternidad y mortalidad, pacto consensuado, medicina y veneno al mismo tiempo, fundiéndose en la lengua, desde allí a las venas, de la sangre al corazón, y su latido precipitándome al vacío, paraíso y prisión, calor y frío, me da la vida y me la quita, firmamento estrellado, abismo oscuro, y una daga que oculta en el escote, entre la exuberancia de sus pechos, arma mortal, instrumento a la espera del golpe definitivo, del acto traicionero.

Ella piensa que no he visto el rostro de la muerte entre los encantos de su cuerpo, me dejo llevar, amor loco, pasión ciega, ¿hasta dónde será ella capaz de llegar? Cierro mis ojos, expongo ante ella mi pecho, estoy en sus manos, confianza inmerecida, riesgo extremo. La tensión de la noche quema el aire de la sala, y la brisa fresca que entra por la ventana acaricia mi rostro, abro los ojos, y he aquí la daga ya está en su mano, preparada, lista para ejecutar su sentencia y dar rienda suelta a toda la maldad de su corazón, la de un alma inflamada por los celos. 1… 2… 3… Suena el campanario de la iglesia… ZAS! Movimiento certero, 4… 5… 6… Mi cuerpo se desploma en el suelo, 7… 8… 9… La sangre brotando de mi pecho, 10… 11… 12… Momento mágico en la medianoche, ¿está escrito mi destino?

Fin del repicar, silencio en la torre de la iglesia, mi cuerpo sobre un charco de sangre, mi alma flotando en el aire, millares de palomas blancas revoloteando, túnel de luz, alguien me espera más allá de esta dimensión. Un ser que resplandece como el sol me sonríe, me saluda, conoce mi nombre, me dice con dulce voz: “Tienes que regresar”. De nuevo en mi cuerpo, 1… 2… 3… Suena el campanario, han pasado dos horas, estoy inconsciente, en mis venas apenas queda sangre. Pero hoy no moriré.

Oigo violines, ¿estoy soñando o es mi imaginación?, veo una bailarina, su vestido es como el oro y está danzando sobre mi pecho, su baile es aceite en mi alma herida. ¿Quién es ella que se viste con la luz?, ¿una imagen del futuro?, ¿alguien que algún día conoceré? La esperanza se ha calzado zapatillas de ballet. Ella gira de puntillas sobre sus zapatillas doradas… Gira y gira… No para de dar vueltas sobre el profundo corte de la daga, cicatrizando mi corazón partido. La música no se detiene, mi vida continúa…

Juanjo Conejo