LAS RIQUEZAS DE TU ESENCIA. Juanjo Conejo

Vivimos en un mundo cambiante. La bolsa sube, la bolsa baja; hoy tenemos un trabajo, mañana quizá no. Hay amigos que van y vienen, en un baile continuo como las estaciones del año. Algunos que nos amaban, hoy nos odian; otros, que no eran nada para nosotros, ahora son relevantes. Ante estas arenas movedizas, el mejor fundamento somos nosotros mismos. Sin embargo, hay cosas que son para toda la vida, y son las que más bien nos hacen, porque nos dan la estabilidad que necesitamos cuando todo lo demás se hunde bajo nuestros pies. Afortunadamente, algunas cosas nunca cambian, y son pilares sobre los cuales podemos construir un edificio sólido.

La raza humana es muy vulnerable, por más que nos empeñemos en creer que somos una especie de dioses intocables. Hasta el árbol más alto y fuerte, en un instante, puede caer derribado al suelo. Además, la vida está acelerada, vivimos a una velocidad de vértigo. Aquellas cosas que hoy son actuales, mañana están caducadas. Es el frenesí de la tecnología: la novedad de hoy, mañana será obsoleto. Estamos inmersos en una sociedad que cambia a la velocidad del rayo. Todo es voluble, incluso las nuevas modas, y tan frágil como el templo del dinero. Nos agarramos con desesperación a la filosofía del “aquí” y del “ahora”. Y ese “aquí” y ese “ahora”, mañana serán historia.

La filosofía del “carpe diem” (aprovecha el momento) ha perdido la cabeza en su locura. Es absurdo llenar el vacío con placeres fugaces; pues ese pan de hoy, es el hambre de mañana. Es mejor la filosofía “tempus fugit” (el tiempo se escapa), porque el sabio usará bien el tiempo, de manera que dé sus frutos en el mañana. Ya lo dice el dicho: “El que siembra, recoge”. Pero a esta sociedad no le gusta sembrar, no le gusta pensar en el mañana, de ahí las malas cosechas: muertes por suicidio, muertes causadas por las drogas, guerras sin sentido, catástrofes climáticas. Aconsejo que prestemos más atención a los valores espirituales, como medicina preventiva contra la estupidez.

Podría enumerar un largo listado sobre esas cosas de la vida que nunca cambian, pero prefiero que el lector reflexione. Por esta razón, lanzo este reto a todos aquellos que lean esta columna: escribe una lista con una docena de cosas que no son pasajeras y que, por su solidez, te proporcionan paz y seguridad. Se llenan los bolsillos aquellos que prometen tener la solución a todos tus vacíos. El suicidio no es una alternativa, el paraíso prometido de las drogas es tan sólo un espejismo. No hay nada a lo que aferrarse, excepto a la fuerza que emana de tu interior. Toma nota: las cosas más importantes de la vida son aquellas que nunca cambian, son las riquezas de tu esencia.

Juanjo Conejo