LAS MÁSCARAS DEL MIEDO. Juan José Conejo
Tienes un pensamiento oculto que no te atreves a contar, posees un sentimiento secreto que no deseas desvelar. ¡Fiesta, el mundo es una fiesta de carnaval! Triunfan las máscaras del miedo. Y el mayor miedo es el miedo a nosotros mismos. Es muy duro mirarse en el espejo y darse cuenta de que no eres tan sensacional como otros creen, es más fácil ponerse una máscara ante la sociedad. Tenemos miedo a que nos vean tal como somos, nos cuesta aceptar esa realidad. Nos tenemos miedo, miedo a sacar al exterior nuestro auténtico yo con todas sus consecuencias.
Si la buena gente sacara al exterior todo lo que son (la mala gente con frecuencia lo hace) el mundo sería otro. Y esta es la sed del mundo: ser aceptados y amados tal como somos, por eso escondemos lo mejor de nosotros y lo tapamos con un disfraz, convirtiendo nuestra vida en un permanente carnaval. El mundo tiene miedo, miedo a una vida sin apariencias, porque las apariencias nos protegen, es demasiado doloroso que descubran que no somos tan excelentes. El miedo nos hace llevar la vida de otro, ese otro que no somos nosotros, ese actor de teatro que nos roba el yo.
Entonces, el yo escondido sueña, porque no le permitimos salir a la superficie de la realidad. Y para no perder la razón, nos dejamos llevar un poco por la locura. Esa locura nos salva de la dureza de la razón, esa razón que nos dice que esa persona del espejo no somos nosotros, sino una caricatura, una ficción llamada «nuestro yo ante la sociedad». Soportamos la teatralidad para no volvernos locos del todo. ¡Cuántos hombres sin escrúpulos con apariencia de bondad!, ¡cuántos mentirosos con apariencia de honestidad!, ¡cuántos malvados con apariencia de honorabilidad!
El mundo es un circo, los payasos triunfan, doña transparencia ha muerto. Ser tú es demasiado arriesgado, es ser un equilibrista sobre la cuerda floja, la cuerda de la aceptación de los demás. Ser tú es ser un trapecista dando el triple salto mortal, sin red que te salve por si te caes, porque en el mundo el puño triunfa más que el abrazo, la bofetada más que el beso. ¿No estás cansado de vivir a la sombra del personaje que interpretas? ¡Qué fuertes son las cadenas del miedo! Máscaras que se vuelven eslabones de una cadena oxidada por el tiempo. ¡Qué siga el espectáculo!
Juanjo Conejo