LAS CARTAS ROMÁNTICAS DE SALCON EMIROI (IV). Juanjo Conejo

Mi admirada señorita:

El cielo no sería cielo y su azul felicidad, adornado de nubes blancas, perdería su esplendor si usted no estuviera en él. Con su mirada me sobran las estrellas, con su sonrisa la luna palidece. No sueño más paraíso deseado que jugar con sus cabellos como un niño que todo lo cree. En esta carta no hay rimas ni métricas, ni el estilo de los grandes poetas, me basta el corazón para decirle lo que saben los filósofos de antaño: sin usted, no soy; con usted, al infinito. Mi querida señorita, aquí no hay más gloria que usted. Esta mañana me visitó el ángel del amor, el roce de sus alas me despertó. Y sus alas tenían un tatuaje con su nombre. Cualquier hombre consideraría un regalo de la vida tomar un café con usted. Imagine qué regalo si este hombre, además, pudiera rozar sus labios con los suyos. Seguiré esperando una alineación de astros que me sea propicia. Usted es una joya de valor incalculable, me alegra que forme parte de mis sueños. He perfumado esta carta, conservo la esperanza de tenerla entre mis brazos antes de que su fragancia se evapore.

Sinceramente suyo,

Salcon Emiroi

* Nota: Esta carta forma parte de la colección “Las cartas románticas de Salcon Emiroi”, del autor Juanjo Conejo.