LAS CARTAS ROMÁNTICAS DE SALCON EMIROI (III). Juanjo Conejo

Mi distinguida señorita:

 Toda persona tiene un motivo para vivir, el mío es verla todos los días ojeando en la librería. Cuando usted está en la sección de Filosofía, yo la miro desde la sección de Poesía. La observo pasar las páginas de los libros, las acaricia como si fuesen de terciopelo. En ocasiones, cierra los ojos, supongo que imagina que está presente en los discursos de Sócrates o Platón. Otras veces, se ajusta las gafas, en ese momento sé que está meditando en el fragmento que ha leído. Usted llena la librería con su aura, con ese halo de luz más luminoso aún que su vestido níveo. Cuando usted sale de la librería, se acaba el día, y sólo me consuela el recuerdo de verla tan feliz aprendiendo de los filósofos. Ayer, después de usted marcharse, me acerqué a la cafetería de enfrente. Llevaba en mis manos el mismo libro que usted había leído. En la quinta página, en el tercer párrafo, había una mancha húmeda, seguramente una lágrima provocada por la belleza de la grandilocuencia. Y mientras tomaba un café, le escribí esta carta de esperanza. Soy un poeta que sueña que, tal vez un día, tomemos un café juntos al salir de la librería.

Afectuosamente suyo,

Salcon Emiroi

* Nota: Esta carta forma parte de la colección “Las cartas románticas de Salcon Emiroi”, del autor Juanjo Conejo.