LA NAVIDAD DE LOS LIBROS (LA CANCIÓN DE CORONA DE PAPEL). Juanjo Conejo
Érase una vez un dragón cruel y feroz que se llamaba Internet. Hacía décadas que los libros de papel habían desaparecido, porque el dragón, con el fuego que lanzaba por la boca, los destruyó hasta el último rincón de la tierra. Desde entonces, poetas y filósofos lloraban de tristeza. Y, cada día, las lágrimas humedecían las mejillas de la princesa Corona de Papel.
Una noche de 24 de diciembre, la princesa Corona de Papel tomó una rosa y la puso sobre su pecho, tenía la esperanza de que su fragancia la consolara. El aroma de la rosa abrigó su corazón y, aliviada de su pena, la princesa cantó, era una oración para que un milagro se produjera. Cerró los ojos e imaginó un cielo de tinta y libros que coronaban la tierra de hojas de papel.
Esa Nochebuena, nevó esperanza. Era nieve pura y fría, que caía sobre el rostro de Corona de Papel y despertaba el alma de la princesa. Una campanada, dos, tres… ¡doce campanadas! Era medianoche, la Navidad había llegado. La princesa abrió los ojos, dejó que la fe inundara su corazón y despertara la ilusión dormida. Soñó y cantó, armada con la fe.
Cuando amaneció, algo insólito sorprendió a todos los habitantes de la ciudad: hallamos un regalo gigante en el centro de la plaza principal. Allí, cubierto de millones de copos de nieve, se alzaba un árbol tan alto que sus ramas rozaban el cielo. De sus ramas colgaban libros de todas las ciencias, tamaños y colores. ¡Eran más libros que estrellas! Y el sol sonreía.
Los niños trepaban veloces por sus ramas, arrancaban del árbol los libros y los lanzaban a la gente con entusiasmo. Los poetas recitaban entre lágrimas de emoción, mientras los filósofos disertaban llenos de felicidad. Aquellos libros vistieron el alma de fiesta. Sólo el dragón malvado, enemigo del conocimiento, estaba triste. Esa fue la mejor Navidad que recuerdo.
Y esta fue la canción de Corona de Papel: “Tinta, de ella beben poetas y filósofos, armamento para el alma revolucionaria. Palabras que conquistan a un pueblo con filos más cortantes que una espada. El cielo está encerrado en tinta, la gloria sublime en hojas de papel. Los libros son cañones contra la ignorancia, son barcos navegando hacia la isla de la esperanza”.
Los libros despiertan la imaginación, construyen mundos inmortales.
Juanjo Conejo