Estás llegando a la línea del horizonte, a ese espacio donde el cielo y el mar se unen, a ese lugar que siempre soñaste, tú misma me lo contaste cuando eras una niña. Sin embargo, hay tristeza en tu rostro, no encontraste lo que con tanto anhelo buscabas y te olvidaste que dejaste atrás a aquellos que tanto te amaban. Vuelve, amiga mía, te estoy esperando con los brazos abiertos, mi cálido corazón será tu hogar, ese lugar donde te refugies de las tormentas. No tienes que soñar más, mis manos están aquí, ¿no lo ves?, aún no te has dado cuenta que yo soy el fin de tus sueños, el inicio de tu realidad.

Ven, amiga mía, vuelve pronto, paso frío en la noche, mi corazón también busca una línea en el horizonte, un lugar de bellos sueños, pero ese lugar eres tú. Mi silencio grita a los cuatro vientos tu nombre, mis ojos te buscan constantemente en medio de la oscuridad, el brillo de tus ojos para iluminarme. Me lanzaré al mar, nadaré hacia esa línea del horizonte a donde escapaste, a ese paraíso que por mí cambiaste. Te llamo en medio del océano, la luna y las estrellas son testigos de mis gritos. Regresa, amiga mía, yo soy tu línea en el horizonte, yo soy el sueño que llena, yo soy agua estable para tu boca sedienta.

Y cuando ya no quedan lágrimas en el corazón, tan sólo queda en la boca un amargo sabor, un triste recuerdo. No tiene que acabar así, si tú no quieres. Mis intenciones siempre fueron limpias, en mis labios nunca encontraste la mentira. Vuelve, amiga mía, y alegra mis días con tu sonrisa, ese lucero que brilla de día y de noche y la fragancia de jazmín que me envuelva en la madrugada. Yo no necesito perseguir ningún sueño, en ti encontré todo lo que buscaba, mi amiga del alma, el mejor de mis confidentes. En tus manos puse mis tesoros, pues compartí contigo mis más íntimos sentimientos.

Me has cambiado por el falso brillo de un sueño de burbujas, por castillos en el aire, y ellos no estarán ahí cuando los necesites, se evaporarán como la niebla al amanecer. Pero yo estaré siempre esperándote, sentado en la orilla de la playa, mirando al horizonte por si decides volver. No, no hay sueños en el horizonte, tus sueños están sentados sobre la arena del mar, mis brazos están extendidos hacia ti. Amiga, amiga mía, con la fe de mi corazón construiré un puente invisible hasta el horizonte, quemaré la distancia del océano que nos separa, caminaré sobre el mar, te alcanzaré antes que mueras de tristeza.

Amia mía, estoy aquí, ¿no lo ves?, extiende tus manos, agarra las mías, unamos nuestros corazones, que sean uno hasta el final de los tiempos. Te he visto sentada sobre la línea del horizonte, estás llorando, allí tan sólo encontraste el final de tus sueños. Abre tus ojos, mírame como nunca antes lo has hecho, descubre el secreto en mis ojos: yo soy el constructor de tus sueños, en mis manos están las semillas que los hacen crecer. Se acerca el amanecer, y sigo en la orilla esperándote. Si tú no ves la luz del faro que te indica el camino, iré a buscarte, aunque me hunda en el océano o muera de frío.

Autor: Juanjo Conejo

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