LA CIUDAD DE LA ESPERANZA. Juanjo Conejo

Una ciudad hermosa, la he mirado con los ojos del corazón, la cuna de un recién nacido que llegó al mundo con grandes esperanzas. Y el niño lloró, la vida era emocionante. Y el hombre se siente rico, aún puede pisar las calles que correteaba cuando era un niño. Las viñas dieron paso al asfalto y a los bloques de hormigón, pero la ciudad no perdió su encanto, se yergue con la dignidad de los que creyeron en ella.

Caminaré descalzo, me contagiaré de ti, sentiré en mis pies el orgullo de nacer aquí. Sean días de sol o de lluvia, no hay ciudad más bella. Sus viñas eran ideales para jugar al escondite. Sus calles están llenas de dulces recuerdos, despiertan sentimientos que me hacen sonreír, en ellas soñé que algún día sería un héroe. Son amigos los que luchan por el bienestar de mi ciudad, a todos ellos doy un abrazo de gracias.

Muchos sueños murieron por el camino, buenos propósitos que quedaron sin cumplir, pero con la cabeza bien alta y con las manos en el arado la ciudad se engrandecerá. Hombres y mujeres sembraron en esta tierra las semillas, en la vejez las veremos crecer y nuestros hijos recogerán los frutos. ¡Oh, ciudad de la esperanza, de manos que se unen en la lucha, escucha el himno en la boca de los que te amaron!

Me siento acogido, abrigado por la ciudad que me dio a luz, aunque mis bolsillos estén vacíos. No tengo hogar donde cobijarme, pero nunca me faltó el aliento, el pez de tu escudo está tatuado en mi pensamiento. Eres mi dulce cuna, la felicidad de mi niñez, la aventura de mi adolescencia. Intentaré sonreír al despedirme, aunque me embargue la tristeza. ¡Oh, ciudad de la esperanza, siempre serás el centro de mi mundo!

He levantado la vista hacia el cielo, hacia ese azul que esconde los misterios del futuro. Y luego, he mirado la ciudad con otros ojos. Poned banderas de paz a cada paso, y las heridas sanarán. No levantéis murallas de intolerancia, construid puentes que borren las cicatrices. ¿Dónde estás, mi eterna Tura?, ¿qué fue de la rosa de tu insignia?, por más que lo intento, no concibo la ciudad sin todo lo que hiciste por ella.

Me voy, pez de mi corazón, pero te llevaré conmigo en esa maleta llorona.

Juanjo Conejo