LA AMBICIÓN DE NOVAK. Juanjo Conejo
Novak, mi marido, era un hombre inteligente, romántico y atractivo, ¿qué más podía desear? Al principio, pensé que me amaba, que esa era la única razón por la que se casó conmigo. Mi madre sospechaba que la fortuna de la familia era lo único que Novak pretendía. Las advertencias de mi madre fueron en vano. El amor me había cegado, estaba enamorada de la sonrisa pícara de Novak y de su mirada inocente. Novak acostumbraba a llegar después de la medianoche, me decía que tenía mucho trabajo en la oficina. ¿Tenía Novak una amante? No dormía tranquila, me desvelaba, me levantaba e iba al jardín a fumar, lo hacía a escondidas, ya que mi madre, que vivía en la casa con nosotros, odiaba el olor a tabaco. Una noche, Novak se dio cuenta de que no estaba a su lado en la cama y me buscó por toda la casa. Finalmente, me encontró en el jardín. Esa noche fue mágica, el comienzo de una nueva forma de amar, explorando lo desconocido, disfrutando lo prohibido.
Cuando Novak me vio en el jardín, yo estaba llorando. “¿Qué te pasa, cielo?”, me dijo con voz cariñosa. No pude soportar más la duda, así que le pregunté sin rodeos: “¿Tienes una amante?”. Novak se enfadó mucho, nunca le había visto así. De repente, me lanzó sobre el césped con un fuerte empujón y me arrancó el vestido. Después, rompió mis bragas de un tirón y se bajó bruscamente la cremallera del pantalón. Nunca me hizo el amor así, era una faceta de Novak que desconocía. Era la primera vez que pude tener un orgasmo. Mi madre me había inculcado desde muy pequeña que las mujeres no debían disfrutar de la sexualidad, que ésta estaba limitada a la procreación. A partir de esa noche, buscaba desesperadamente el cuerpo de Novak, ya no me importaba que a él sólo le interesara mi fortuna ni me preocupaba que pudiera tener una amante.
Poco a poco, nos introdujimos en prácticas sexuales extravagantes, muy lejos del corsé moral de mi madre Esos orgasmos, nuevos para mí, eran lo más cerca que me había sentido del cielo. En ocasiones, amanecía con el cuerpo lleno de hematomas y arañazos, pero aprendí la técnica para disimularlo con el maquillaje y la ropa adecuada. Me volví más alegre y optimista. Mi madre no comprendía a qué se debían esos cambios. El día de nuestro séptimo aniversario, descubrí una nota en uno de los bolsillos del abrigo de Novak: “Danka, mi amada, tú has sido siempre mi ambición, tu fortuna nunca me importó. Pero vivir contigo se hizo insoportable, por causa del odio de tu madre. Esa era la única razón por la que llegaba tarde a casa. Te propongo un nuevo hogar, una nueva vida, sin la presencia constante de tu madre”. Volví a meter la nota en el bolsillo del abrigo de Novak, con la esperanza de que las lágrimas que en ella había se secaran antes de que me la entregara.
Juanjo Conejo