GUARDIAN DRAGONS. Juanjo Conejo

Con la promesa de traer la paz al mundo, un lobo vestido de cordero se alzó en toda la tierra e implantó una dictadura disfrazada de democracia. Todos los fieles al régimen fueron marcados en la frente con un 666, el símbolo del nuevo gobierno. Los que no quisieron llevar la marca del sistema de “la bestia” fueron desterrados a una reserva a la que llamaron Rebeldía. Para evitar que los rebeldes contaminaran el mundo con su filosofía, se estableció un cordón de vigilancia que rodeaba dicha reserva con un cuerpo policial especialmente adiestrado. A cambio de seguridad y estabilidad, el mundo se arrodilló bajo el poder titánico del nuevo sistema. Y la verdad fue masacrada.

Con el paso del tiempo, el pan y el agua se convirtieron en los bienes más preciados y la población más pobre moría de sed y de hambre. Cuando la situación parecía no tener remedio, surgido de la nada, apareció un mensajero enviado por “Alfa Omega” (el arquitecto del universo), su objetivo era evitar la destrucción de la raza humana, pero nadie oyó sus advertencias. Finalmente, para evitar cualquier acto revolucionario, el mensajero fue ejecutado por orden del líder de “la bestia”. El pensamiento crítico era un peligro que amenazaba al sistema, la solución fue eliminar a todos los profetas como si fueran un virus letal y altamente infeccioso. Y la libertad fue masacrada.

Pero faltaba dar el golpe definitivo: exterminar la reserva Rebeldía. Este fue el motivo por el que “Alfa Omega” decidió enviar a la tierra a los tres dragones guardianes. El arquitecto del universo avisó a los que no llevaban la marca 666, debían permanecer en la reserva mientras durase el apocalipsis de los tres dragones. El dragón del agua fue el primer guardián enviado, que destruyó la tercera parte de la tierra con el agua que salía de su boca. El dragón del viento fue el segundo guardián enviado, que destruyó otra tercera parte de la tierra con el viento que salía de su boca. Pero, cegados por su gran soberbia, los seguidores de “la bestia” no cejaron en su empeño.

Había llegado la hora de enviar al tercer guardián, el dragón del fuego. Y la tercera parte de la tierra, aquella que aún tenía vida, fue destruida con las llamas que salían de su boca. Cuando el apocalipsis de los tres dragones hubo terminado, todos los que se habían refugiado en Rebeldía celebraron el nacimiento de una nueva tierra gobernada con amor. La verdad y la libertad ya no eran perseguidas y crecían libremente como la hierba del campo. Y los que enseñaban la justicia brillaban como las estrellas en el firmamento. Era un reino de paz, nadie se adiestraba para la guerra y el armamento ya no existía. Todas las razas de la tierra tenían una misma bandera y vivían como hermanos.

Juanjo Conejo