Globalización. J.L. Quintana
Dice Jacinto que fué el último en enterarse. No, Jacinto, tú no eres ni el único ni el último, somos todos. Todos los que tuvieron necesidad y así, cayeron en la trampa. Actualizando los recuerdos, esta memoria que nos vuelve al pasado me hace ver el centro comercial donde compré el ordenador portatil.No era caro y podía pagarlo con facilidad. Me invitaron a pasar por la «oficina» donde la muchachita, amable, casi cariñosa, me ofreció pagarlo en pequeñas cuotas. Una pequeña cantidad mensual que apenas notaría en mi cuenta bancaria. Me pareció una oferta generosa y de agradecer. Debía volver al siguiente día a recoger el ordenador y en esta seguda ocasión y a hora distinta ya no estaba la amable muchachita. Su sustituta me invitó a sentar. Me explicó cómo el pago aplazado era la forma más aceptada por los clientes y además, ventajosa . En aquel momento recordé la sentencia de José Manuel, amigo que volvió de la Argentina. En aquellos días cuando la persona había sufrido engaños y traiciones se decía: -«Cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía-» Decididamente, el importe de la compra estaba preparado, decidí pagarlo al contado.
Jacinto, ya lo habrás pensado, se refería a las tarjetas de débito o crédito que hoy en este octubre de 2022, llaman revolving. Espero que se escriba así, porque solo tengo la referencia, oral, de los infelices que las aceptaron.
Parece que hay o había dos vías para llegar a esta «globalización bancaria». La más clara o directa consiste en la oferta por parte de la entidad de préstamo de una tarjeta por la que se dispone de una catidad y que según el banco se podrá pagar en cómodos plazos mensuales. Estos días, de este octubre seco, se descubren, parece que son millones, los que por la necesidad de un dinero aceptaron la oferta. Otro explicará mejor que yo cómo los intereses aplicados llegan o llegaron al 21%, de manera que, en estas economías débiles la devolución en pequeñas cantidades no llegaba ni al pago de los intereses.
Jacinto, me explicas lo de la ley de usura que data de 1918, que los abogados están poniendo en un aprieto a las entidades de préstamo. Y que están acojonadas con las sentencias judiciales en contra.
Jacinto, perdona mi grosería, pero tengo que desahogarme. Volviendo a José Manuel , el de la Argentina, cuando hablaba de un canalla repetía: «Espero verlo como a mi tío, con la manta cagada y el culo frío.»
Con un abrazo de consuelo. J.L.Q.