EL TÚNEL DE LAS RATAS (2). Juanjo Conejo

Tenía razón Caín cuando mató a su hermano Abel. ¿Quién quiere hombres buenos en la tierra? Sólo despiertan nuestra envidia. Matémoslos a todos, como a Jesucristo. La sociedad te enseña la lección: tienes que vivir en el túnel oscuro para seguir vivo. Mata, miente, roba, si quieres sobrevivir, aun sabiendo que nunca llegarás al final del túnel, porque antes te habrán comido las ratas. Me gané el cielo matando ratas, limpié la sociedad de ratas más ratas que las ratas. Soy un benefactor de la sociedad y, aun así, ¿Por qué me acusa la poca conciencia que me queda? No quiero escuchar mi conciencia, tengo que sobrevivir, aunque sea un día más.

¡Ya hay más ratas que hombres, apenas se puede respirar! El túnel es cada vez más oscuro, ¿y si meto fuego a alguien?, ¡sus llamas me podrían alumbrar! La otra opción es el suicidio o pedir a alguien que me mate por compasión. También podría reventar este túnel con una bomba nuclear, así todos en paz. No me extraña que tenga tanto éxito el tráfico de armas. Para limpiar esta humanidad, yo mismo me convertiría en un traficante de armamento, pero no lo haría por dinero, no, no, lo haría por compasión. A cuantos más mate, mejor, más grandes serán mis medallas. Además, la sociedad te recordará como a un héroe, incluso te venerarán por los siglos de los siglos.

He de confesar algo peor que mis crímenes: cada día que pasa me siento más cómodo en el túnel, aunque las ratas me lleguen ya por la cintura. Y no sólo eso: comienzo a tener sed de sangre, me comería a las ratas vivas. Tengo una teoría que podría explicar lo que me está pasando: el primer crimen que cometí, me contaminó. ¿Cómo sacarme el veneno de la sangre?, ¿dejando que me coman las ratas?, ¿comiéndome yo a las ratas humanas? Esta es mi macabra visión del mundo. No creo en el progreso humano, ¡ni Dios cree en el progreso humano!, el corazón del hombre está inclinado al mal, ni las diez plagas de Egipto cambiaron el corazón del faraón.

¿Qué esperanza nos queda?, ¡ninguna! Ya lo dijo Salomón con toda sabiduría: “No hay nada nuevo bajo el sol”. Ni siquiera nos preocupan las terribles desgracias que anuncia San Juan en el libro del Apocalipsis. Nuestros oídos se han quedado sordos para oír las trompetas que anuncian el final de los tiempos. No es que sea un pesimista, a las pruebas me remito, mi argumento es sólido. Las ratas ya me llegan hasta el cuello, el túnel se ha vuelto más frío y oscuro. Las ratas seguirán comiéndose mi conciencia, hasta que la dejen vacía, hasta que yo mismo me convierta en rata. Y, luego, las ratas nos comeremos las unas a las otras, cuando ya no queden hombres en la tierra.

Juanjo Conejo