EL DOLOR DE LA MUJER ES LA HERIDA DE LA TIERRA. Juanjo Conejo. (La imagen es obra de la pintora Ivonne Reynaud)
El tiempo se desmorona como los restos de una muralla antigua, somos las piedras derribadas. El niño juega en los restos de la muralla y no piensa, se cree invencible. Y la niña que lo acompaña, piedra a piedra, comienza a reconstruir la muralla. Sociedad de viejas murallas: que la mujer edifique un nuevo mundo sobre las ruinas de la historia; no silenciéis a la mujer, el mundo necesita sus palabras. ¡Oh, mujer, camina sobre el agua, camina entre el fuego, que nada te detenga! En el abrazo del mar te sientes segura, pero en el caos de la tierra te espera un desafío. La mujer necesita, ante todo, el respeto del hombre. Levanta la voz por aquellas que están en la cárcel del silencio.
Hay una grieta en la muralla, es el dolor de la mujer; y el dolor de la mujer, es la herida de la tierra. Hay sangre en la herida, y hay silencio en la sangre. Y la sangre del silencio, es la sangre del crimen. Y la sangre de la herida, es el crimen contra la mujer. Y el crimen contra la mujer, es el crimen contra la humanidad. La humanidad, ese espacio que era un Edén, ese Edén que era un paraíso para hombres y mujeres. Y cuando el mundo dé a la mujer el honor que merece, la tierra será un campo fértil, porque la mujer guarda bajo su pecho el alma que da vida a la tierra. La mujer hace historia conjugando sensibilidad con fortaleza. Alegre o herida, la mujer es un manantial.
“Separa bien las columnas y deja que vea la puerta, por la que los humanos llegan al mundo y en la que los malvados desahogan sus lujurias, esa puerta que da la vida y que violan los depravados”. Hay una herida en la puerta, el daño llega hasta el alma. ¡Qué dolor!, las lágrimas corren por mis mejillas como la sangre de la puerta por las columnas. “Cierra las columnas, tranquila, tranquila, toma un vaso de agua”. “No se vaya, doctor, por favor, no se vaya”. Y la violada aprieta mi mano con la misma fuerza con la que fue atacada. Y yo, que no tengo puerta, lloro como si la tuviera. Y a mí, que no tengo puerta, me duele la herida; porque, la herida de la puerta, es la herida de la tierra.
Y digo a los depravados: «Quien viola una puerta y derrama su sangre sobre las columnas, el alma de la humanidad viola. Su delito perverso no es contra una mujer, sino contra el templo, humano y sagrado, de toda la tierra; y ese delito, es una grieta en la muralla». La mujer es mucho más de lo que ven tus ojos y su mirada ve lo que los ojos del hombre no son capaces de ver, su universo es un mundo por explorar. La mujer es guerrera, tiene el don invencible de luchar por lo que ama. La mujer es sabia, contiene en su corazón el mayor de sus tesoros. La mujer es valiente, grita sin miedo contra la injusticia. ¡Oh, mujer, combate, rompe la jaula de la realidad, hay otro mundo más allá!
Juanjo Conejo