EL ANTES, EL DESPUÉS Y EL AHORA. Juanjo Conejo

Dicen que hay momentos en la vida que marcan un antes y un después. Pero no hay un después en la tierra más allá de la muerte. Por otro lado, ¿cuánto dura un después?, ¿diez años?, ¿un día? Quizá, nunca haya un después que sea mejor que un antes. Tal vez, un después sea tan sólo un pensamiento luminoso que te ayuda a entender que el antes no era tan malo ¿Es la sociedad moderna más feliz que la antigua? Pudiera ser que ese después tan deseado sea algo tan sencillo como el agradecimiento de seguir respirando.

¿No es absurdo ser infeliz por no tener el último modelo de móvil o por no poder comprar ropa de marca? Existen trenes veloces que nos llevan en una hora de una ciudad a otra, pero hay que bajarse en la próxima estación, no es buena tanta velocidad. Pudiera ser que aún no te hayas dado cuenta de que tienes a tu alrededor una riqueza inmedible en algo tan sencillo como un bocado de pan. El mejor después que puedo desearte es que te sientas rico, aunque seas pobre. Hasta que llegue el día que apreciemos el valor de un vaso de agua, viviremos en un antes constante y oxidado.

Nada podemos hacer con el antes, nada podemos hacer con el después, sólo nos queda el ahora, ese ahora frágil que cambia a cada segundo, ese ahora vulnerable que no garantiza nada. La vida es ese segundo en el que uno es consciente de que está vivo y en el que se toma contacto con el alma y lo trascendente. Y la calidad de esos segundos de vida consciente no se mide ni por el éxito obtenido ni por el dinero acumulado, sino con la capacidad de evolucionar hacia los valores invisibles, los únicos que dan un sentido espiritual a la existencia.

Por lo tanto, el ahora inconsciente no tiene valor alguno a la hora de valorar el papel del antes maestro ni del después estratégico. No conviene caer en el poder de los ahora perdidos, pues son tan inútiles como los antes erróneos y los después desbocados. Sólo existe un ahora eficaz, esos momentos de luz que nos conectan con la eternidad que nos espera más allá de la muerte, porque son esos instantes los únicos que nos permiten moldear un después que esté en la línea de la dimensión intangible que nunca fallece.

Sólo en ese ahora consciente somos energía útil, esa energía que nos permite perdonar y pedir perdón desde el alma. El ahora sin amor es un ahora sin energía. Si no eres consciente de que eres un espíritu en un mundo material, los antes y los después serán intranscendentales.

Juanjo Conejo