EL ABRAZO DE LA VIDA. Juan José Conejo

Naciste, abriste los ojos, el corazón del mundo latía esperando tu llegada. Bienvenido. En la vida puedes perder, puedes ganar, pero nada logrará arrebatar tu identidad, nadie conseguirá borrar la huella que dejaste en la historia. Quizá, hasta el día de hoy nunca antes te diste cuenta, ni siquiera lo sospechaste, que formabas parte de algo más grande, que te trasciende, que te eleva a un lugar donde lo que cuenta no es cuánto tienes, sino quién eres en realidad, sin disfraces, sin máscaras, tan sólo tú ante la gran verdad de que tu esencia logrará sobrevivir siempre, que será probada a fuego, fundida como el oro. Y al final, quedará lo más puro de ti, tu quinta esencia, la razón principal por la que naciste, si es que para algo importante llegaste a este mundo. El vientre de tu madre, tu mejor credencial. Y llegaste a la tierra entrando por la puerta grande, el círculo de oro.

Te ama, la vida te ama, te dice que no debes rendirte, que tienes que seguir adelante, que ella espera ansiosa tu victoria, pero sobre todo te susurra al oído que estará siempre a tu lado, que será tu luz en la más oscura noche. Hay una asignatura pendiente que aún debemos aprender, que el amor, si es verdadero, nunca se apaga, nunca se extingue, crece y crece, y como las llamas se propaga hasta incendiar toda el alma. Duele y decepciona, cuando descubres que no te amaron todos los que con tanta facilidad te decían lisonjas, que eran tan sólo hipócritas palabras. Vamos a ser fuertes, nos vamos a sobreponer, vamos a luchar porque aún quedan quienes nos aman de verdad, ellos desean nuestra felicidad, están a nuestro lado y sufren cuando las cosas nos van mal. Tú sabes que estoy en lo cierto, que te digo la verdad, que si miras a tu alrededor lo comprobarás.

La luz, el amor, conceptos de los que los insensatos se ríen, se mofan de lo que aún no han descubierto, pues todavía no han tenido la dicha de ser alumbrados. Mas tú apareciste como un rayo que de repente recorre el firmamento hasta llegar a la tierra, anunciando con truenos tu triunfal llegada. Bienvenido. Pero ¿qué buscas en realidad?, ¿ser el más rico del mundo?, ¿el más famoso?, ¿o tan sólo deseas un puñado de felicidad? Todos buscamos ser amados, aunque muchos no sean conscientes de ello, estos son los más ciegos de este mundo, e incluso los más pobres, aún no se han dado cuenta de toda la riqueza que tienen a su alrededor y miden la vida tan solo por lo material. Pero tú contemplas la magnificencia del cielo azul, te sobrecoges y sientes dentro de ti como la vida palpita. Entonces, una sensación de eternidad comienza a correr por tus venas.

La vida te abraza, bienvenido.

Juanjo Conejo