Dios está con todos. J.L. Quintana

En la tertulia de los martes asistimos los de siempre, viejos y amigos; quiero decir: viejos amigos. Es el rato semanal para el desahogo, para decir, incluso defender lo que en nuestra actual sociedad parece estar silenciado y como bienpensantes, olvidado.

La política y los intereses, todos estamos de acuerdo, van de la mano en la mayor parte de las veces, por esto José Maria vecino que fue en la década de los cuarenta de la calle Alta, oficialmente Menéndez Luarca, cuando oye esos discursos de blancos y azules cuenta una vez más sus experiencias o confidencias que vivió u oyó siendo niño.

José Maria vivió en el dieciocho, casi frente a la iglesia de Nuestra Señora de la Consolación; en esos años los terrenos frente a la iglesia eran solar, no se había construido el Pasaje de Peña y las hierbas crecían sin ningún cuidado; a menudo servían para que el paseante «apretado» se bajara los pantalones.

Los vecinos subían del centro por la cuesta Garmendia y acortaban el camino atravesando esas hierbas bien abonadas. A menudo acertaban a pisar donde no hubieran querido y se les veía sacudiendo en el aire la bota o zapato en un gesto ya muy repetido y si algún guasón le preguntaba la respuesta era «me he rajao»

Poco más abajo de la iglesia, la cuesta que va hasta las estaciones se la conocía como «El Paredón». En la calle Marqués de la Hermida, el edificio de piedra y ladrillo que hoy es biblioteca, fue cárcel para aquellos, algunos quizá sin quererlo se los consideró enemigos del «Movimiento vencedor». Los liberados tras cumplir su condena subían con el colchón a cuestas y cualquiera de los niños que jugaban daba la voz

!!!Han soltado al padre de la Trini!!!

Se abrían las ventanas y se asomaban a los balcones. No se reflejaba alegría sino el pensamiento de los que aún quedaban.
Cuenta José Maria que aquel liberado se apellidaba Nieto, que durante la República escondió en su segundo piso a un sacerdote que se sintió en peligro.

Que los vecinos de aquella casa de nueve viviendas, todos, conocían al escondido de Nina y Nieto.
!Gloria!