DE TECNÓFILOS Y SALMONES. Juanjo Conejo

Soy de aquellos a quienes les cuesta renunciar al acento del adverbio “sólo”, para distinguirlo del adjetivo “solo”, por más que la RAE diga que ya no es necesario hacer dicha diferenciación. Hay más cosas a las que me cuesta renunciar, quizá soy un salmón empedernido. No quiero renunciar al tacto y la fragancia de un libro, sustituyéndolo por el brillo frío de una pantalla. El brillo frío, tan atractivo y peligroso como el filo de una navaja. ¿Peligroso?, es un brillo que quema los ojos.

Brindo por esa época en la que tener un libro entre las manos era como tener posesión de un tesoro preciado, tesoro sobre el que podías subrayar o anotar, en definitiva, personalizarlo. Podías leerlo en cualquier lugar, aunque no tuvieras un portátil, un móvil o wifi. Era algo más que un objeto, aunque ocupara un espacio en la estantería. Todo en un pendrive es práctico, pero nada romántico. ¿Romántico?, ¡pues sí!, se establecía una relación emocional entre el lector y el libro.

¿Y qué pasa con los iconos?, ¿tanto cuesta escribir?, ¿es mejor un dedo hacia arriba que escribir “estoy de acuerdo contigo”? Si cada vez leemos menos y escribimos menos, ¿hacia dónde vamos? La pereza es enemiga del conocimiento. Esfuérzate en escribir, aunque sea una frase corta, deja los símbolos para las señales de tráfico. Con razón se cometen tantas faltas gramaticales y ortográficas, y nuestra amada lengua no lo merece. ¿Amada?, sólo por algunos, eso es lo que parece.

Más comodidad y menos conocimiento, una sociedad que avanza hacia el abismo de la incultura. Somos expertos en nuevas tecnologías, en un sólo (adverbio) clic tenemos el mundo en nuestras manos, somos los adictos de las pantallas. No me siento solo (adjetivo) en la lucha por mis ideales, aún quedan salmones que nadan contra la corriente, que no quieren prescindir de colocar una coma donde corresponde y de adornar una palabra con el acento que merece.

Construiré un puente,
lo haré con palabras,
alzaré sobre las aguas
un camino fuerte.

Juanjo Conejo