CITA CON LAS ESTRELLAS. Juanjo Conejo
Estamos en el monte de las estrellas, la Vía Láctea es testigo de nuestro encuentro. Y en esta noche de sueños cumplidos, me llena de felicidad estar contigo. Sentir tu mano en la mía es como un amanecer, las sombras huyen, los miedos desaparecen, y con un cruce de miradas nuestras almas se unen en Canis Maior, donde la reina Sirius nos hace sonreír. Saltaré hacia el espacio celeste, recogeré para ti un ramo de luceros, y con esta hazaña sabrás cuánto te amo. Traspasa mi pecho con tus labios, bésame el corazón, la constelación donde nace el amor, que late aprisa cuando te ve llegar, que bombea sangre para quererte. Dame amor, dame amor en esta noche estrellada.
La galaxia espiral se refleja en tus pupilas, es la fuerza del cariño que me profesas. No hay nadie como tú, eres el centro del sistema solar, eres la mujer del cielo nocturno. Tienes en tu mano mi corazón, es lo mejor que puedo darte. Cierro mis ojos, suspiro, abro los ojos y sigues a mi lado, es imposible ser más agraciado. Rodea con tus brazos mi cintura, con esa dulzura que estremece el cinturón de Orión. Dame un beso de hidrógeno y de helio, que lo vea Canopus desde la constelación Carina, y beberé de tu boca la leche de Hera. Seré los ojos de Demócrito y de Galileo, buscaré en tu ombligo el pentágono donde vive Capella. Dame amor, dame amor en esta noche estrellada.
Nos saluda Alpha Centaurus y Beta Orionis, las reinas de Centaurus y de Orión. Y Arcturus, la reina de Bootes, nos sugiere una travesura. Yo te confieso, ante Antares y Pollux, reinas de Escorpio y de Géminis, que te amo con la ilusión de un niño. Desde la constelación de Aquila, he oído canciones de Altair, la reina del águila, sus melodías son alas sobrevolando tus mejillas. Y tú, mi reina de las reinas, dime palabras que nunca oí ni están escritas en las estrellas. Estoy a tu lado, como si hubiera nacido de nuevo, como si tuviera toda una vida por delante. Desde el reino de Lira, me llega un pensamiento de Vega, la musa de Hermes. Dame amor, dame amor en esta noche estrellada.
Sobre nuestras cabezas, doscientos mil millones de estrellas, cuatrocientas veces más grandes que el sol. Esta lágrima es una pregunta sin respuesta, ¿qué somos nosotros? Y, aun así, con mi pequeñez, con mi insignificancia en esta escena, puedo aceptar, sin comprenderlo, que somos más importantes que las estrellas. Y ellas, humildes, generosas, con sus destellos engalanan nuestro amor. Achernar y Hadar, reinas de blanco azulado, han caído a nuestros pies, se han descolgado de sus reinos, para formar un lecho nupcial donde amarnos. Becruz, la reina de Crux Artalis, la más tímida y mimosa de los veinte reinos, ha cerrado los ojos. Dame amor, dame amor en esta noche estrellada.
Juanjo Conejo