CHARLESTON, 1927 (UN DUELO POR CHARLESTÓN), Juanjo Conejo
Charleston (Carolina del Sur), 1927, el año cumbre del charlestón. Dos pistolas cargadas con una bala, dos amigos de la infancia enamorados de la misma mujer, un duelo inevitable. Ella sonríe a escondidas, dice a sus amigas que no ama a ninguno. Charlestón en el ambiente, uno de los dos debe morir. El pianista será el testigo, diez pasos hacia adelante, media vuelta y disparo, son las reglas del juego. Música y expectación en el salón, dos amigos de toda la vida se enfrentan por el amor a una mujer. Mujer frívola y perversa, con sus encantos los sedujo, quiere separarlos, la envidia la corroe, ella nunca tuvo amigas de verdad. Las armas están cargadas, uno de los dos morirá. Con suerte, morirán los dos, diabólico plan. La llaman Charlestón, el baile está en sus venas desde que nació. Su padre era un borracho que la abandonó. Su madre era como ella, jugaba con los hombres hasta que perdían la cordura. Charlestón, de tal palo tal astilla.
Charlestón y alcohol, música y baile llenando de risas el salón. Olor a humo del tabaco y medias de seda. Carcajadas de Charlestón, está encantada con su maquiavélica idea. Dos pistolas cargadas, dos amigos enamorados de la misma mujer, un duelo en Charleston. Un trágico destino les está esperando. Ella se burla, es como su madre. El testigo está entre los dos, les da las instrucciones: “Diez pasos al frente, media vuelta y disparen”. Un paso, dos pasos, tres pasos. Ellos caminan lentamente, imágenes en sus mentes de un pasado en el que fueron grandes amigos. Cómo lamentan la desgracia de enamorarse de la misma mujer. Nadie sospecha que el pianista es el amante secreto de Charlestón. Sus vidas son oscuras, ellos son cómplices en la trama. Cuatro pasos. Tiemblas las manos de los duelistas, mientras Charlestón se ríe a borbotones.
Los amigos han dado ya cinco pasos, recuerdan aventuras de la niñez, ellos siempre estuvieron juntos, pero el amor por Charlestón es más fuerte. Siguen avanzando ante la expectación de todos. Sonrisas ocultas, risas disimuladas, a nadie le importa que uno de los dos amigos muera. Charlestón no tiene alma, hace mucho tiempo que perdió el corazón. Dos pistolas cargadas en Charleston, dos balas a la espera de cinco pasos. Y los amigos siguen avanzando. Seis, siete, ocho pasos, ¿quién puede alterar el destino? Nueve pasos. Los amigos recuerdan una promesa de la infancia. Último paso. Media vuelta. Se miran a los ojos, un guiño compinchado. Apuntan, los dedos presionan los gatillos. Cambio de trayecto. Se oyen dos disparos al mismo tiempo. Una bala sobre la frente del pianista; otra, sobre el corazón de Charlestón. El salón se ha quedado en completo silencio. Se acabaron las risas. Y, entre el humo del tabaco, los amigos se abrazan.
Juanjo Conejo