MÁS DIFÍCIL QUE DETENER LA ROTACIÓN DE LA TIERRA. Juanjo Conejo
La semana pasada, hablé acerca de dos milagros registrados en la Biblia y que tienen que ver con detener la rotación de la tierra. Estaba meditando en esto, y se me ocurrió pensar que, a pesar de lo espectacular de estos dos milagros, hay una cosa aún más difícil que detener la rotación de la tierra, cambiar nuestro pasado. Seamos sinceros, ¿quién no ha deseado cambiar alguna decisión o comportamiento de su pasado? De hecho, de algunas decisiones me lamento mucho y, de algunos comportamientos, me avergüenzo. No puedo hacer nada para cambiar mi pasado, ni siquiera Dios quiere hacerlo, ya que eso causaría un efecto dominó que cambiaría el presente.
Sin embargo, sí puede ocurrir que las heridas del pasado sean sanadas, hasta el punto de sentirte como si esos acontecimientos del pasado nunca hubieran ocurrido. Algunas personas tienen el pasado enfermo y, por eso, sufren en el presente. Me parece más milagroso sanar el pasado de una persona que detener la rotación de la tierra. La tierra sigue girando, pasan sucesivamente el día y la noche, mientras muchos sufren en soledad las heridas de un pasado que no pueden cambiar. ¿Para qué querría yo el poder de detener el movimiento de la tierra, cuando no puedo hacer nada para operar como un cirujano los tumores del pasado?
Tenemos muchos recuerdos que son como tumores dañinos, ¿qué cirujano los operará? Ojalá pudiéramos arrancar del alma las astillas del pasado con la misma facilidad con la que se arrancan de la piel. ¿Acaso podemos borrar nuestros recuerdos como quien los borra de un archivo? La Biblia dice que para Dios no hay nada imposible, y esa es nuestra esperanza. Pero para no tentar a Dios, hay que caminar de manera que no tengamos que lamentar en el futuro nuestro comportamiento y nuestras decisiones. Para un estado emocional sano, es importante la existencia de buenos recuerdos, puesto que los malos recuerdos son destructivos.
Mi consejo es que sembremos en nuestros hijos bellos recuerdos, porque esos gratos recuerdos les ayudarán a crecer emocionalmente sanos. Es mejor proveer a los hijos de recuerdos agradables que de cosas materiales, porque las cosas materiales no curarán las heridas del pasado. No hay mayor tesoro que un cofre lleno de buenos recuerdos. Por otro lado, perdonar y ser perdonado, tiene la capacidad de curar las heridas del pasado y, sobre todo, perdonarnos a nosotros mismos. El perdón no tiene el poder de detener la rotación de la tierra, pero sí el poder de curar las heridas del pasado y modificar el curso de nuestra historia, lo cual me parece una hazaña aún mayor.
Juanjo Conejo




