La pandemia 1918. José Luis Quintana
En el balcón de madera al Sur, bajo el alero, escogieron las golondrinas para hacer su nido. Los niños de la casa tras los cristales se hacían señas cruzando el índice sobre los labios, se miraban los tres aprobando la orden y seguían los continuos vuelos del rio al nido hasta que quedó terminado. Pero eso fue el año anterior porque este han llegado al nido hecho.
Se oyó la voz de la madre ¡¿qué estáis haciendo?!. Roque, Teresa y Lina se miraron, Roque debía subir las vacas por el camino frente al manantial de aguas tibias y tras media hora de camino se tumbará en el campo mientras pastan los animales. Roque ha ido a la escuela, sabe leer y escribir, y aritmética, que para eso tiene un buen maestro. Sus hermanas Teresa y Lina son menores. Teresa ha cumplido este mes doce años y Lina trece. En las mañanas llevan las vacas al rio a beber y por la tarde limpiarán el regato de la cuadra, las sujetarán con las cebillas y con el bieldo llenarán el pesebre con la hierba fresca que el padre ha segado esta misma tarde.
El molino está cerca y sobre la mula cargarán dos sacos de maíz y este será su mejor momento. Frente a las dos piedras molineras un banco largo servirá para una espera de cerca de dos horas; son varias vecinas esperando y este rato servirá para reír y soñar.
Han pasado los días, la gripe ha entrado traidoramente en una casa feliz. Las golondrinas han marchado; los milanos han migrado a otro lugar lejano y las tórtolas no volverán hasta el próximo año.
Mama ha muerto.
En el desván hay tres niños acurrucados junto al arcón, abrazados, en silencio. Desde allí oyen las oraciones, rumores, ¿dónde están los niños?
Lina ha bajado por La Hoz y le cuenta a Teresa que era ya de noche y a la altura de la fuente se le ha aparecido su madre difunta.
Teresita tiene ojos claros y el pelo un poco pelirrojo, en el pueblo le dicen rubia. Son las doce, no duerme piensa en la madre, en La Hoz, el camino a la fuente, solo viste un camisón y descalza sale a la calle y se va al encuentro con su madre.
Nota: Con el importe de la venta de la mula pagaron el pasaje de Roque hacia México. Las dos niñas iniciaron una nueva vida en Santander capital.




