Soy responsable de mis silencios. J. L. Quintana

Soy responsable de mis silencios. J. L. Quintana

Esta vez voy a escribir como amigo, porque si voy a comunicar , a relatar lo que puede interpretarse como malintencionado o tendencioso por quien se siente aludido él o con los que cree que debe defender , solo me puedo dirigir en mi defensa como amigo , que obliga a la sinceridad, la verdad, la voluntad de que sirva para el bien general.

Suelo mandar estos “pareceres” al Ateneo de Santander donde los publican en su página web y yo, en mi creencia pienso que servirán de testimonio “cierto” de los acontecimientos en estos tiempos de confusión, de carencias, de temores, inquietudes ante un futuro que nos anuncian incierto, y que un temor al futuro político, económico y sanitario llevan a ese pozo “nocebo” a la mayor parte de la población.

Si España puede y debe presumir de algo, es de la S.S. sanitaria. Especialmente del Hospital Valdecilla en Santander, donde todo el personal sanitario, especialistas, enfermeras y demás cumplen su función de manera escrupulosa, magistral, cariñosa y atenta. No puedo recordar nombres me gustaría citar a todo el personal de la tercera y cuarta plantas, al personal de cardiología, Dr. de la Torre, a las extraordinarias, y esto es así, enfermeras como Lucia, Beatriz, al enfermero Salva, y me duele no citar a los demás de quien no retengo el nombre y no puedo más que mandarlos un abrazo de agradecimiento desde aquí. Valdecilla es un tesoro y España debe saber y reconocer lo que quizá en ninguna otra parte del mundo se puede encontrar.

Y lo anterior es lo que me impide seguir con una crítica que debo hacer, como ciudadano, porque al fin soy responsable de mis silencios, que servirían para ignorar una realidad hoy y en el futuro, como contribuyen a ello políticos, periodistas y manipuladores al servicio de quien no sabemos quién.

Los ambulatorios, para quien me lea en Hispanoamérica, son servicios sanitarios de atención primaria, están cerrados; abiertos únicamente para las citas acordadas previamente, con los que el enfermos, muchas veces inducido por esta alarma repetida constantemente en los espacios de televisión y radio, obliga al que se siente indispuesto a dirigirse a los servicios de urgencias del Hospital, Valdecilla en esta localidad. Así se explica cómo los hospitales de toda España quedaron saturados y esa alarma, mitad inducida, creció a estadios increíbles.

Gracias Valdecilla, gracias sanitarios en Valdecilla, incluso al personal del ambulatorio que al fin siguen instrucciones y que mis vecinos de Pontejos suponen, porque en definitiva todo esto no es más que el resultado de una política muy bien calculada para fines que desconozco.
En Marina de Cudeyo, entre buenos vecinos, amistosos y solidarios.
Agosto 2020. José Luis Quintana Mantecón