Un sentir de paz inunda el Vaticano
y la flor del olivo reaparece de nuevo viva
anunciando una nueva primavera.
Ya pasaron los negros nubarrones
el alma blanca destinada por el Eterno
abre sus brazos cálidos a un mundo frio.
Natividad jubilosa llena la Plaza de San Pedro
y el Elegido extiende sus manos
sobre el niño en brazos de una madre.
Una joven llora, la religiosa signa con la cruz
Un padre y su niño enfermo esperan el milagro
Esta multitud, muestra de una humanidad desamparada
recibirá la bendición de un santo; Francisco I, Papa.

José Luis Quintana