ESCRIBE Y VIVE . Juanjo Conejo

ESCRIBE Y VIVE . Juanjo Conejo

A veces he pensado: “Voy a dejar de escribir, ¿por qué ser arrastrado por este impulso que me subyuga?, ¡quiero ser libre de esta pasión que me domina!”. Pero luego no puedo resistirlo, ¿es una enfermedad, es un vicio, tal vez una necesidad? Intento no escribir, procuro soportarlo y no puedo, hay un fuego en mi interior que me quema, me hierve la sangre y erupcionó como un volcán.

Me siento como un esclavo, tengo que escribir… y mis letras se vuelven cadenas. Deseo huir a un lugar lejano, a una isla perdida que no esté en los mapas. Pero las letras me persiguen como si yo fuese un fugitivo, y me encuentran a pesar del escondite. Corro para alejarme de las palabras, de las comas y de los acentos, pero me atrapan con su sagacidad y con sus ágiles argumentos. Las rimas me guiñan el ojo y después me encadenan a sus antojos.

Quiero ser libre de la necesidad de escribir, romper los grilletes que me aprisionan. Me resulta pesado convertir las emociones en palabras, cuando estas nunca logran reflejar el sentimiento. Siento rabia, deseo romper las hojas de papel, lanzar al vacío la máquina de escribir. No encuentro las palabras exactas, están vacías, limitadas, esposadas al vocabulario.

Quiero arañar el papel, blanco y absurdo, estrellarlo contra el suelo, arrancarle de un tirón su aire burlón. Quiero abrir mi pecho en dos, arrancarme el corazón y estamparlo sobre el papel sin más connotación. Demasiados sentimientos, tan pocas palabras, infinidad de emociones para encerrarlas en el abecedario, como meter el océano en el hueco de un puño o atrapar el cielo entre los barrotes de una jaula. ¿Cuántos granos de arena hay en el mar?, ¡cuéntalos, si es que puedes!

Quiero escribir lo que siento, con pinceles de colores sobre el óleo y sin reglas. Las palabras son un vulgar artificio, una patraña, una estafa para el que quiere reflejar la realidad sin alterarla. No puedes escribir un sentimiento sin adulterarlo. No puedes reducir a una frase una emoción, una pasión o una ilusión. ¿Cuántas estrellas hay en el firmamento?, ¡cuéntalas, si es que puedes!

¡Alma, escribe y vive, para eso naciste! Escribir sin miedo, con mano atrevida. Escribir sin prisa, sin medir el tiempo. Esgrimir la espada, herir la gramática. Abofetear el papel, ultrajar el lenguaje. Morir despacio, rimar el último suspiro. Expirar con párrafos lo inaudito, morir en las alas de una estrofa, amortajar en sus plumas un hito. Y renacer con un beso, el beso de la poesía.

Juanjo Conejo