El valor de la vida. Juanjo Conejo

El valor de la vida. Juanjo Conejo

Yo quisiera que esta pandemia que ha afectado al mundo sirviera, al menos, para sensibilizar a toda la población acerca del valor de la vida y produjera un cambio en la escala de valores de la sociedad. El confinamiento no me ha supuesto una tragedia emocional, ¿por qué?, pues porque he vivido cosas perores en la vida que hicieron que me diera cuenta de las maravillas sencillas que están siempre ahí, y que muchas veces olvidamos, son esas cosas que no apreciamos hasta que las perdemos, por ejemplo, el sentido de la vista y del oído, sentidos que, desgraciadamente, algunas personas perdieron o nacieron sin ellos. ¿Qué es un confinamiento comparado con el sufrimiento de los que han pasado por campos de concentración, de los que han padecido la esclavitud, de los que, de manera injusta, fueron encarcelados?

La sociedad moderna, capitalista y consumista, nos ha acostumbrado a toda clase de placeres, tornándonos adictos a ellos, convirtiendo nuestra vida en algo superficial que se dedica solo a satisfacer caprichos que no son trascendentales. ¿Debería causarnos depresión no poder salir a tomar tapas, o no poder ir al cine a ver los últimos estrenos? Nuestra esencia vale mucho más que eso, nuestra riqueza interior debería permitirnos ser felices aun estando confinados, ¿por qué?, porque estamos agradecidos por el simple hecho de estar vivos, de respirar, de poner nuestra mano sobre el pecho y sentir que nuestro corazón aún late. Los colores de una flor en una maceta interior, ¿son capaces de encantarnos? Esa melodía que escuchamos en la radio, ¿nos hace soñar? Estas son buenas señales, pruebas de que somos más que un cuerpo confinado.

Ni la plata ni el oro pueden comprar una vida. Los más afortunados nacen con cien años en el contador del tiempo, ¿puede alguien alargar su vida un año más? Aun y así, ¿por qué hay quienes menosprecian la vida?, ¿por qué algunos viven como si fueran eternos? Parece la tierra el planeta de la insensatez. El daño que causamos al planeta, el planeta nos lo devolverá. Somos capaces de destruir la vida, el único bien que no podemos restituir. Mientras pensaba el tema sobre el cual escribir, el café se enfrió, me lo bebí, aunque estuviera amargo, porque así es, a veces, la vida. Café frío, café amargo, el tiempo pasa para todos, pero aún hay tiempo de luchar.

Juanjo Conejo