Dos grandes acontecimientos serían la antesala de la libertad de prensa y de un periodismo más democrático: el Artículo XI de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano y la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos. Pero el periodismo arrastra una lacra: en ocasiones vende su alma revolucionaria y se somete a los poderes políticos y económicos. En esta era en el que el capitalismo acampa a sus anchas y se alza como la única solución mediante la apología del consumismo, se hace cada vez más necesario una raza de periodistas con valores morales y una objetividad que no quede aguada por el miedo a la censura de los poderes.

Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante (Ryszard Kapuściński). Más allá de un negocio, el periodismo debería ser una función social en la sociedad, portavoz de aquella información de interés colectivo y dedo denunciante de todo aquello que atente contra la dignidad humana. Vivimos inmersos en la era de la comunicación, la red se ha convertido en un coloso por medio de la cual nos llegan un sinfín de noticias. Tenemos a nuestro alcance más información que nunca, ¿pero estamos mejor informados? Muchos son los que creen que el periodismo no está cumpliendo su papel como vigilante de la democracia.

Este fenómeno afecta tanto a las bases técnicas como a las funciones sociales y democráticas del periodismo. Analicé las causas y las consecuencias, entre las primeras destacan: la abundancia de información y la ausencia de un modelo de negocio digital establecido. Las segundas plantean un escenario marcado por la disminución de la calidad, la debilidad de las empresas periodísticas, la concentración de las audiencias, el desgaste de la profesión periodística y la reducción de su alcance en la sociedad. Estos efectos muestran la necesidad de explorar nuevas vías para recuperar el valor de la información periodística en el escenario digital.

Pero, además, el periodismo arrastra desde hace mucho tiempo una crisis mucho más profunda: la falta de credibilidad. Las encuestas reflejan unos resultados alarmantes, el periodismo se ha convertido en uno de los tres oficios más desprestigiados que existen. Los medios de comunicación se autocensuran para no perder su cifra de negocio. El periodismo veraz es peligroso para la cuenta de resultados y, en muchos casos, para el futuro laboral de los periodistas. El periodismo comprometido con el derecho a la información (el cuarto poder) sería uno de los oficios más importantes en la sociedad, pero está vendiendo su alma revolucionaria.

Juanjo Conejo