El cementerio de los niños olvidados. Juanjo Conejo

El cementerio de los niños olvidados. Juanjo Conejo

Nací entre plumas de ángel, nací frágil y fuerte, nací con el corazón de un valiente. ¡Qué poco duró el encanto! ¡Ay, inocencia, ya te perdí antes de conocerte! Cada uno de tus besos tenía sabor a luna menguante, y tus abrazos a crepúsculo. Y la noche llegó antes de que el alba me inundara. Estrella que se apaga antes de nacer, hierba que se seca antes de brotar, y una lágrima por quién nunca llegará a la cima de la montaña. Sonrío al recordar ese pasado fugaz en el que la paz me acunaba cuando aún era un niño. ¡Cómo perdió su esplendor el tesoro del pirata, el canto de la sirena y el hechizo del mago! Te fuiste antes de llegar, te despediste antes de mirarme. ¿A dónde van los niños que no nacen? Despedida sin abrazo, alas cortadas, y una historia que pudo ser y no fue. ¿Por qué esa gotas que recorren mis mejillas tienen el color de la sangre? ¡Ay, inocencia, sabes que te amo! Te vi la primavera vez que abrí mis ojos,  no, mucho antes, te vi en otro mundo, te vi antes de nacer,  te vi vestida con la gloria de la nieve.

Esta vida acelerada, esta vida de usar y tirar,  esta vida breve me devuelve a tu abrazo,  me retorna al hogar que tenía antes de nacer. ¡Qué tristeza hay en el cementerio de los niños olvidados! Lápidas sucias, lápidas sin flores, lápidas sin nombre. ¡Oh, niños tristes!, niños de mi corazón, dejadme ser vuestras manos, vuestros pies, vuestras bocas.  Dejadme hacer por vosotros las hazañas que nunca fueron. Os pido perdón por mi vida mediocre, os pido perdón por tantos años perdidos, os pido perdón por cada lágrima no derramada. ¡Ay, inocencia!, ¿quieres volver a ver en mi la sonrisa de un niño?, no seas tan huidiza, la vida es corta, déjate atrapar antes de que sea demasiado tarde. Volvamos a pasear juntos, dados de la mano, por un camino sin fin. Un sepulcro no podrá separarnos,  despertaré en el mundo donde tú habitas, en esa montaña coronada con la gloria de la nieve. Cuando ya no quede aire en los pulmones, cuando ya no quede sangre en las venas, un beso de tu boca me devolverá la inocencia. Pero antes, aunque mis pies estén sucios, ayúdame a llegar a la colina que sueño desde niño, y déjame poner allí una bandera por todos los que se fueron antes de llegar.  Desde allí te cantaré esa canción que tanto te gusta, esa canción que tu me cantaste cuando era un recién nacido. Más allá de este desierto interminable, esta inocencia, mi tierra prometida, la ciudad donde la luz nunca se apaga. Y aunque a veces, su brillo se desvanece en la distancia, tu voz, oh inocencia, me susurra que nací entre plumas de ángel, que nací frágil y fuerte, que nací con el corazón de un valiente.

Juanjo Conejo 24 de junio de 2020