DON NADIE EN LA CIUDAD POPULOSA. Juanjo Conejo

Ciudad de artistas y de genios, de alegrías y de fiestas, pero no estás ausente de mal: hay familias que no tienen comida ni vivienda. Don Nadie, su esposa y sus hijos caminan sin rumbo por las calles, por aceras cimentadas de contrastes, ricos y pobres, pero todos vestidos de la misma manera, de fragilidad como el cristal. Piénsalo bien, mañana podrías ser tú. Don Nadie y su familia no saben dónde pasarán esta noche estrellada, de lamentos y de suspiros. Dormirán bajo un puente, cubiertos por un puñado de cartones.

Dormirán bajo un puente, construido por las manos de un político con la cara pintada de payaso, hipócrita que gobierna y actúa bajo la bandera del bienestar público. Ha salido el sol para todos, incluso para los que sólo piensan en llenarse los bolsillos. Don Nadie intenta sonreír, sabe que la vida es bella, que mañana será otro día, que no se rendirá, que no perderá la esperanza, aunque los valores más altos de la sociedad hayan sido pisoteados. Ciudad populosa, asfalto mojado por la sangre y las lágrimas de los desesperados.

Se respira fragilidad en la ciudad populosa, la fragilidad ruge como león en las calles buscando a quién devorar. Ciudad populosa, encanto de luces cuando cae la noche, urbe de lamentos, de gritos callados, de batallas perdidas y de causas sin nobles caballeros que las defiendan. La fragilidad no pasa de moda, cotiza alto en bolsa, porque don Nadie somos todos. Cierro los puños de rabia, siento la impotencia. Y una lágrima, que no es mía, se desliza por mi mejilla con solidaridad. Soy humano, soy don Nadie, mío es el mal ajeno.

Almas condenadas a remar en las galeras, somos esclavos del capitalismo. El monstruo del consumismo nos devorará sin remordimiento. Este no es un relato de ficción, la realidad empuña el arma contra la dignidad. Manos negras que ponen vendas en los ojos, para que podamos ver una película de final feliz. Y mientras unos tienen la boca llena de manjares, otros están obligados a beber vinagre. No hay nada nuevo, la historia nunca cambia. Bienvenidos al circo romano, bienvenidos a la ciudad populosa, el hogar de don Nadie.

Juanjo Conejo