Covid y angustia. José Luis Quintana

Covid y angustia. José Luis Quintana

Ha pasado el covid, asintomático, solo por la prueba se enteró de su contagio y diez días de aislamiento sin ningún tipo de dolor o inquietud, por indicación médica se dió por terminado el episodio.

Ángel se sentó al borde de la silla, a la derecha siempre deja al alcance de la mano su pantalón largo de gimnasia y despacio, sentado aún, comienza a vestirse lentamente porque a diario este minuto es para él de reflexión, enlaza con el día anterior, recordará el último pensamiento de ayer noche; este primer pensamiento y sentimiento condicionará su ánimo las siguientes horas.

Han pasado veinte días y algo marcha mal y muy difícil de explicar . Es un sentimiento. Ángel recuerda esa imagen de María, “De las Angustias”, no está muy seguro pero cree que se representa con un puñal en el pecho, doliente y llorosa.

A la pregunta del médico lo tenía claro: ” siento angustia”.  Veinte siglos de cristianismo plasman en una imagen un dolor real y duradero.

El periódico digital D.M. 27/12/2020, y la nota que lee, lo apuñala :

La iglesia protestante Nueva Vida de Santander, ubicada en Peñacastillo, ha denunciado haber sufrido un “ataque de odio por causas religiosas” durante el día de Navidad, ya que ha encontrado en las ventanas de su fachada bolsas con ratas muertas y mensajes con descalificaciones e insultos. En concreto, se trata de tres bolsas de ratas junto a tres carteles con los siguientes mensajes: ‘Dios no murió en la cruz para alimentar a traidores como tú’, “España católica, apostólica y romana: …

Ángel se ha dirigido a Peñacastillo, pasa la carretera general hasta Ojaiz y vuelve mirando a derecha e izquierda; un vecino lava el auto frente a su casa, no conoce la iglesia protestante.”Esto ha crecido mucho responde, le va a costar encontrarla sin conocer la dirección”

Ángel lleva consigo una grande y hermosa Poinsettia, Ángel recuerda cuando en México en un rincón de Sierra Madre el campesino noble, sencillo, casi fraterno le enseñó la planta originaria y en su idioma náhuat la nombró: “cuitlatl,” Se montó de nuevo en su flaco caballo tordo, arrancó unos plátanos de los que llevaba y se los ofreció a Ángel.

Se le imponen los recuerdos de aquel noble pueblo mexicano, que respetó y aceptó una religión y cultura diferentes, en el campesino pobre en recursos materiales y millonario en nobleza y amistad.

Miró al cielo, pensó en las gentes buenas que aún nos rodean y al borde de la carretera depositó la planta con una nota : “Perdonad que no saben lo que hacen”.

J.L.Q.