El Cazador de Estilemas de Fernando Bringas de la Peña

Como indica la portada, El cazador de estilemas es una novela ‘policíaca’, característica que confirma su lectura porque el esqueleto de la trama lo constituyen un comisario y un lingüista que persiguen la comisión de ciertos delitos. Pero, según apuntan varios críticos, no es ese su rasgo más destacado, lo sería la utilización del lenguaje como pista esencial para descubrir a los delincuentes. El mismo título lo revela cuando cita la palabra ‘estilemas’: «Los rasgos lingüísticos de una persona, producto de su origen, educación y experiencia». Teniendo en cuenta que las pistas habituales en este tipo de novelas suelen ser de naturaleza física, esto podría extrañar, pero no sucede así, ya que el autor, Álex Grijelmo, es un periodista-lingüista con una extensa trayectoria profesional centrada en el conocimiento y difusión de la lengua española e interesado en fomentar su uso correcto. Por eso es fácilmente comprensible que el leguaje alcance en esta novela una importancia tan decisiva.

Como he señalado, la trama policial, con todos sus ‘accidentes’, constituye el esqueleto de la novela, que, en esencia, es un relato insertado en la sociedad actual, próxima a nuestras vidas cotidianas, como se observa en las cuestiones que trata, en sus temas. Por su trascendencia destacan los siguientes: el peligro de las redes sociales, la corrupción sindical, el sentido de la justicia en relación con la ley, la lucha por la vida, la situación política, la venganza como arma para subsistir, los problemas de la educación, las diferencias sociales, la importancia de algunos elementos lingüísticos como la ortografía y el amor, este como asunto colateral. Todos contribuyen a dotarla de un realismo capaz de empatizar con cualquier lector porque todos los sentimos muy cercanos. Por otro lado, es necesario reconocer que las referencias literarias de escritores tan diferentes como Ovidio, Cervantes, Quevedo, Vargas Llosa y Agatha Christie, y filósofos como Cicerón y Aristóteles aportan un trasfondo cultural que acentúa el carácter literario de la novela.

Entre los personajes principales además del lenguaje, hay tres humanos: el lingüista Eulogio Pulido, un pícaro del siglo XXI que lucha por sobrevivir en medio de su desgracia en un mundo desalmado, el comisario Julio Contreras, un policía sui generis que actúa «fuera de la ley pero dentro de la justicia», y Esther Jiménez, un mujer burguesa y, en apariencia, timorata, pero capaz de enamorarse en su avanzada madurez. Son personas adultas, muy forjadas en los avatares de sus respectivas vidas, con caracteres personales definidos, aunque circunstancias inesperadas de la vida les obligan a alterar sus principios y, en ciertos momentos, a situarse fuera de la ley, pero no de la justicia, según ellos.

La técnica narrativa sorprende: no hay un narrador, los tres son confidentes de un presunto novelista que está escribiendo la historia. En realidad son tres puntos de vista distintos cuyo efecto más inmediato consiste en hacer reflexionar al lector sobre la idiosincrasia de cada personaje. Por otro lado, apenas hay descripción, predominan los diálogos, es una novela oral, muy apropiada para su versión cinematográfica e, incluso, teatral.  Se caracteriza por un estilo ágil, suelto, dinámico, con frases breves, muy próximo al del género periodístico. La trama no está exenta de misterio e intriga, y son muy apreciables ciertos toques de humor e ironía que convierten su lectura en una historia fascinante y amena.

En fin, como he señalado, es una novela sorprendente y sugestiva, de nuestro tiempo, capaz de provocar un debate interesante por la actualidad y realismo de los temas y de la trama. Sin embargo, pienso que su cualidad más sobresaliente radica en que induce a reflexionar sobre la importancia del lenguaje como forma de expresión en cualquier circunstancia de la vida, lo cual constituye una de  las maneras más espontáneas y sinceras de mostrarnos cómo somos.