Caracola Solitaria: Juan Conejo

Caracola Solitaria: Juan Conejo

Caracola solitaria

Graduado en Periodismo por la UAB (Universidad Autónoma de Barcelona), Máster Universitario en Escritura Creativa por la Universidad de Sevilla y doctorando en Periodismo (línea de investigación: periodismo literario) por la UCM (Universidad Complutense de Madrid).

Soy el único superviviente del planeta azul, nadie escuchó a la caracola, la insensatez formó parte de los habitantes de la tierra. El cielo y el mar están más limpios que nunca después de cuarenta días sin actividad humana. En mi oído la caracola me trae voces del pasado. ¡Oh, caracola, qué tristes son los recuerdos que encierras! Caracola que en la arena mueres de pena solitaria. El vaivén de las olas te despierta del letargo e interrumpe tu sueño eterno. Ni siquiera puedes morir en paz. El eco que hay dentro de ti te perturba. No te culpes, caracola, ¿qué más pudiste hacer tú?

No hay huellas en la arena en esta playa donde la gente se abarrotaba. Hay más golondrinas en el cielo, pero están cantando para nadie. ¿Cuánto tiempo resistiré en esta abrumadora soledad? El paraíso no existe donde solo hay uno. Se convierte en tormento la nostalgia de un abrazo. ¡Cómo duele recordar una sonrisa! Y ella sigue ahí inamovible, la caracola es un espejo que refleja lo que un día el mundo fue. ¡Oh, mundo absurdo, que nunca pensaste que esto pudiera ocurrir! No hay esperanza de repoblar la tierra, no hay remedio, el hombre desaparece sin la mujer.

Si escribo en la arena, mis palabras se las lleva el mar. ¿Cómo sabrán otros mundos lo que aquí ocurrió? ¿Entenderán ellos los murmullos de la caracola? Mundos más avanzados se reirán, ni la tecnología ni la inteligencia artificial nos libraron. Y sobre esta hoja de papel escribo, sobre esta hoja que arranqué del diario de un moribundo. Su diario estaba lleno de palabras de esperanza y, sin embargo, esto fue lo último que escribió: “¿Por qué no hicimos caso a la caracola?”. Y sobre esta hoja escribo, la última página que quedada del diario del penúltimo superviviente.

¡Resistiré, resistiré!, cantaba la gente. ¿Por qué debería resistir yo?, ¿resistir para quién?, estas eran las preguntas que no me dejaban dormir. Ya no quedan hijos por quienes luchar, ya no hay sociedad que reconstruir. Ya no importa la situación de la economía, ya no importa el nivel de desempleo. Ya se acaba la única hoja de la que dispongo, en tres líneas debo concluir. ¿Qué más puedo decir?, pues que yo también moriré. ¡Oh, caracola, solo tú serás testigo de mi último suspiro!, guarda en tu interior los gemidos del planeta de la imprudencia, que el universo llore la soledad de su azul.

 

Juanjo Conejo