2020 y 2021, dos años largos y duros. Y, ahora, el misterio de los próximos 365 días. Pero no faltará el brindis de Año Nuevo, entre sonrisas preocupadas y el dolor de los que se fueron. ¿Una fiesta triste o un funeral alegre? El choque de las copas no sonará como de costumbre. La colisión de cristal que esconde lágrimas contenidas. La esperanza golpeada baila en las burbujas de ese líquido dorado. La música no logrará disimular el pensamiento hacia los que ahora son invisibles.

Siempre creí que existían cuatro direcciones: norte, sur, este y oeste. Pero la vida me enseñó una quinta dirección: hacia arriba. Siete colores pensé que tenía el arco iris, pero la vida me mostró un octavo color: el sol puede iluminar en la noche y las estrellas pueden verse de día. Las palabras se convierten en frases, y las frases en párrafos, y los párrafos en un mensaje flotando en el mar. ¿Alguien puede ver la botella? Un envase de vidrio reciclado, para un mundo sin reciclar.

Cuando el sol alumbre en la noche y las estrellas puedan contemplarse de día, el milagro habrá ocurrido. Ese milagro sólo es posible si podemos creer, si podemos alzar las alas y volar en la quinta dirección, en la irrazonable dirección del amor. Sólo puede ocurrir lo imposible si pintamos nuestros corazones con el octavo color del arcoíris: la fe. Y ese color está ahí, ante nosotros, oculto a las miradas de los incrédulos. No todo es medicina y tecnología, existe la evolución del espíritu.

En nuestra tierra, las cosas no son lo que aparentan, tienen doble cara, como la luna. En este mundo, lo anormal se vuelve normal; y lo normal, anormal. Pero nada puede detener lo inevitable, que la luz triunfe sobre la oscuridad y que el amor derrote al odio. Demasiados castillos en la arena, que con una ola serán derribados. El edificio sólido se construye sin armas represivas, se levanta con sabiduría reconciliadora. El mundo necesita la bandera de la paz. ¡Planta las semillas de la verdad!

¿Se pueden plantar las semillas de la verdad? Si tú quieres, lo intentaremos, tan sólo tenemos que volar hacia la cara oculta de la luna, donde se encuentran las cosas que no comprendemos. Con tu ayuda, podemos llenar la tierra con la luz del conocimiento, aunque tengamos rotas las alas de la esperanza. Ven a mi occidente desde tu oriente, date prisa, no tardes. Si te acercas lo suficiente, te alcanzará el calor de la llama. Toca mis dedos con la punta de los tuyos, que se prenda la vela.

La vela ya está ardiendo. Mira hacia arriba, si tienes vértigo, cierra los ojos y abre el corazón.

Juanjo Conejo